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(Diócesis de Palencia).- Queridos hermanos y hermanas: Ayer, por la tarde, me dieron el alta del Hospital Rio Carrión después de estar allí unos 11 días a causa del Covid-19.
¿Qué decir hoy? En primer lugar, en segundo, tercero… etc. MUCHAS GRACIAS.
Gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre nuestro, por su amor, por la vida, por su compañía y cercanía, por su Palabra y por su Iglesia. Gracias a todos vosotros, miembros de esta Iglesia en Palencia: a los dos obispos- D. Nicolás y D. Javier-, a todos los sacerdotes y al diácono por vuestras llamadas, cercanía y oración. Gracias al Vicario General y de pastoral que estos días han estado atentos sirviendo a los hermanos. A los miembros de Vida Consagrada y a todos los laicos y laicas por vuestra fraternidad y solidaridad, expresadas en llamadas, en la oración y en el silencio.
Gracias al personal sanitario del Hospital, médicos, enfermeras, personal auxiliar… a todos. Yo estoy muy contento del trato recibido, y no por ser el obispo, que muchos no lo sabían, sino como un paciente más.
¿Cómo me he sentido estos días? Bien, pero palpando la limitación, la fragilidad, la precariedad, incluso con temor y algo de miedo a la muerte -estando allí murió un hermano agustino, el P. Agustín Bécares, que había estado en la misma planta que yo. Pero a la vez con confianza en Dios, sabiéndome en sus manos; sintiendo que su misericordia y fidelidad sostienen nuestras personas y obras, y que nuestras soledades son siempre acompañadas. Por cierto, qué bien me hacía rezar los salmos de Laudes o Vísperas, poniéndome en la piel del salmista y del mismo Señor Jesús, y participar en la Eucaristía por TV unido a toda la Iglesia.
¿Qué lecciones he sacado para el futuro? He salido con fuerzas para seguir sirviendo a los hermanos, para seguir haciendo camino con vosotros y cantando melodías de vida y esperanza, en esta tierra nuestra. Cada vez más convencido de que son en el Señor y en su Espíritu en quienes están nuestras vidas y empresas; que esta obra es la suya y nosotros somos colaboradores. También he aprendido a valorar más el servicio, cuántas veces pequeño, callado y no reconocido, que cada uno presta a la sociedad, a los enfermos y a los sanos.
Oremos unos por otros, como hermanos, y especialmente por D. David García y el P. Agustín Bécares, OSA, y todos los difuntos de nuestras comunidades que en estos días nos han dejado. Que ellos intercedan por nosotros.
Que Santa María, la Madre de Dios y nuestra Madre, interceda por todos, nos cuide, nos ayude a cuidarnos para que seamos, como ella, discípulos misioneros.
¡Feliz Semana Santa y feliz Pascua del Resucitado!
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