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Espacio de fe, historia y cultura, testimonio vivo
(Archibarcelona).- La parroquia de Sant Feliu de Alella, en el Arciprestazgo del Maresme, es una de las joyas históricas del Arzobispado de Barcelona. La primera referencia escrita data del año 993, en un pergamino donde se menciona la existencia de la comunidad cristiana en torno a esta iglesia.
El edificio actual es fruto de diversas reformas. “Al principio era una iglesia románica con bóveda de cañón”, explica Jordi Prats, especialista en la historia de la parroquia. “En 1459 se hizo una primera reforma que le dio forma de cruz latina y más tarde, con el canónigo Lluís Esplat, se llevó a cabo una ampliación profunda hasta la fachada actual”.
La iglesia también ha sido testigo de hechos curiosos. Durante siglos disponía de tribunas reservadas a los señores de Alella, separadas del resto del pueblo. En el siglo XIX, en tiempos de las guerras carlistas, se construyó un calabozo dentro del templo. “Era una doble pared sin rejas, descubierta gracias a un agujero en el techo por donde se dejaba caer a los prisioneros”, relata Prats.
Uno de los episodios más singulares es la vinculación con Antoni Gaudí, que veraneó en Alella durante diez años. El rector, muy amigo del arquitecto, le propuso un proyecto para la iglesia. “Lo conservamos en el archivo parroquial, pero no se llegó a realizar porque Gaudí tuvo que dirigir las obras de la Sagrada Familia”, recuerda Prats. Finalmente, la capilla del Santísimo fue construida por el general Guitart Lóstaló y aún conserva la puerta original del siglo X.
El campanario, que tiene su origen en el siglo X, se ha ido ampliando a lo largo de los siglos y hoy cuenta con siete campanas. Cuatro son litúrgicas, entre las que destaca la Matrona, patrona de la villa, que pesa unos 450 kg, y la Felisa, dedicada a San Félix.
En la parte superior se encuentran las campanas de las Horas, procedentes de Perú, que tienen una historia peculiar. Según explica Prats, “fueron donadas al pueblo y, aunque están en el campanario de la iglesia, legalmente no pertenecían a ella, ya que en las escrituras de cesión se especificó que eran propiedad del pueblo”. Esta particularidad permitió salvarlas durante la Guerra Civil, cuando todas las campanas históricas fueron fundidas, excepto estas que eran del municipio.
Hoy, Sant Feliu de Alella sigue siendo espacio de fe, historia y cultura, testimonio vivo de más de mil años de presencia cristiana en el Maresme y punto de referencia para la comunidad local.
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