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El arzobispo de Sevilla lamenta los "signos de decadencia cultural y espiritual"
El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha presidido la misa estacional que se ha celebrado en la nave del Crucero de la Catedral de Sevilla al término de la procesión de la patrona, la Virgen de los Reyes, por los alrededores de la seo. Han concelebrado los dos obispos auxiliares, monseñor Teodoro León y monseñor Ramon Valdivia; además de los miembros del Cabildo Catedral, con su deán, Francisco José Ortiz, al frente; y una nutrida representación del clero sevillano, entre ellos los predicadores de las novenas matinal y vespertina de este año, Marcelino Manzano y Antonio Bueno, respectivamente.
Una hora y cuarenta y cinco minutos ha durado la procesión, con una nutrida participación de fieles devotos que han revivido uno de los ritos más clásicos de la tradición mariana de Sevilla. Esta ha sido la primera de las dos ocasiones en las que está previsto que la patrona salga en procesión este año. La siguiente será el 8 de diciembre, con motivo de la procesión de clausura del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular.
Ya en la Catedral, el arzobispo de Sevilla ha recordado que la solemnidad de la Asunción de la Virgen es “una de las fiestas marianas más antiguas y significativas”, con una significación especial en Sevilla al celebrarse “nuestra fiesta patronal, la solemnidad de la Virgen de los Reyes, y mantenemos vivas nuestras raíces cristianas y marianas”. “Hoy -ha añadido- es un día especial de fervor y amor a Dios y a nuestra Madre”.
Monseñor Saiz Meneses ha señalado que la maternidad divina es “un misterio y un acontecimiento histórico: Jesucristo, Persona Divina, nació de María Virgen. Se trata del misterio más antiguo y primordial en lo que se refiere a la persona y a la misión de María en la Historia de la Salvación”. De hecho, el título de Madre de Dios constituye “el fundamento de todos los demás títulos con los que María ha sido venerada de generación en generación”. “Lo que más caracteriza su persona y su vida es esta misión concreta que Dios le ha encomendado al enviar a su Hijo al mundo para conducir a la humanidad a la plenitud de vida”, ha subrayado.
A continuación, el prelado hispalense ha recordado a “nuestros hermanos de Tierra Santa, de Ucrania, de Sudán del Sur y de tantos lugares golpeados por el odio, la violencia y todo tipo de conflictos”. En este punto ha manifestado que “vivimos tiempos extraños”, en los que “se hace presente el mal a través de la guerra, de la injusticia, del descarte de los más débiles, de fuerzas destructivas nuevas, y en nuestro occidente rico, también a través del desprecio a lo más sagrado, poniendo de manifiesto la pérdida de la memoria y la herencia cristianas”.
Monseñor Saiz Meneses ha apuntado que en Europa, debido al avance del laicismo, “cuesta cada vez más integrar el mensaje evangélico en la experiencia cotidiana, crece la dificultad de vivir la fe en Jesús en un contexto social y cultural en que el proyecto cristiano de vida se ve continuamente despreciado y amenazado”. En esta línea ha destacado que “en no pocos ambientes es más fácil declararse agnóstico que creyente; a veces se tiene la impresión de que lo lógico es no creer, y que la opción creyente requiere una legitimación social que no es indiscutible ni puede darse por descontada”.
Son lo que el arzobispo ha calificado como “signos de decadencia cultural y espiritual en nuestra Europa cristiana que a veces parece olvidar sus raíces”. En cambio, ha advertido que “no se puede construir la ciudad de los hombres prescindiendo de Dios o contra Él”. Por eso, ha abogado por “trabajar para mantener vivos y operantes los cimientos espirituales, las raíces cristianas de nuestra tierra”. Y en este elenco ha destacado poner “a Dios en el centro”, la dignidad humana “y los derechos humanos como valores que preceden a cualquier jurisdicción estatal”, el matrimonio y la familia, el respeto por Dios y por todo lo que es sagrado.
En la parte final de su homilía, el arzobispo ha hecho un alegato a la esperanza: “Seguimos haciendo camino con confianza y perseverancia, conscientes de que Cristo resucitado está en medio de nosotros, la Virgen de los Reyes nos lleva de la mano, y de que no peregrinamos solos, sino en la compañía de los hermanos”. “Cuando estemos cansados y agobiados vengamos aquí, porque ella nos reconfortará”, ha concluido.
TEXTO ÍNTEGRO de la homilía del arzobispo de Sevilla
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