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"El sufrimiento lo han causado, no sólo los abusos, “sino también el modo en que a veces los hemos tratado”
La víctimas de abusos en el seno de la Iglesia y sus familias centraron la primera eucaristía que se celebra en la Diócesis de Salamanca dedicada a ellos, y como reconoció el obispo Mons. José Luis Retana en su homilía, “no debemos buscar excusas o justificaciones para eludir la responsabilidad que pueda correspondernos como institución”.
El pasado día 20 de noviembre, la Conferencia Episcopal Española convocó la Jornada de oración y penitencia por las víctimas de abusos sexuales, como gesto de reconocimiento hacia las víctimas y para pedir perdón por los abusos cometidos.
Esta celebración tuvo lugar en la Catedral Vieja este miércoles, 29 de noviembre, presidida por el obispo y concelebrada por el vicario general y el provicario, Tomás Durán y Antonio Carreras, el deán, Antonio Matilla, además de varios canónigos y sacerdotes diocesanos. En su homilía, el prelado dejó claro que tras conocer el informe del Defensor del Pueblo sobre los casos de abusos a menores en la Iglesia, “nos ha llenado de tristeza a todos”. Y al respecto, sostuvo que no debemos buscar excusas o justificaciones, “para eludir la responsabilidad que pueda correspondernos como institución”.
En todo momento, reiteró que entiende el daño causado, y que expresa “la vergüenza que causa en nosotros esta realidad, que traiciona el mensaje del Evangelio”. Mons. José Luis Retana aseguró que estos actos, “son incompatibles con los valores fundamentales de nuestra fe en Cristo, pues contradicen el amor, la compasión y el respeto por las personas que Él nos enseñó”.
El mensaje que más repitió en su predicación fue pedir perdón “a todas las personas que han sufrido debido a estas detestables acciones, especialmente a las víctimas y sus familias”, y lamenta su dolor, “así como la traición cometida por parte de algunos miembros de nuestras comunidades eclesiales”.
El obispo reconoció que entre nosotros, “ha habido abusadores”, y que ellos forman parte de nuestra historia, “de lo que hemos sido y de lo que hemos hecho”, pero añadió, “que no definen todo lo que hemos sido, más bien, reflejan lo contrario de lo que hemos querido ser y hacer”.
También lamentó que en medio de la bondad de tantas personas, “algunos han abusado de su posición, realizando actos de maldad“. El obispo admite que han sido de los nuestros, “y así lo reconocemos, porque Cristo nos dice que sólo la verdad nos hará libres”.
En la homilía, en más de ocasión pidió perdón a todas las personas que han sufrido debido a estas acciones, y a Dios, “en lo que como cristianos no hemos sido fieles”. En este sentido, subrayó que el sufrimiento lo han causado, no sólo los abusos, “sino también el modo en que a veces los hemos tratado”. Para él, esto supone una llamada a una profunda “conversión personal y comunitaria“.
Y al pedir perdón, “es reconocer nuestra limitación, también la del obispo, nuestra pobreza, nuestra debilidad, nuestra falta de coraje”, y es consciente de que el daño y el dolor causado, “son imborrables, pero pedir perdón y perdonar es el primer paso para sanar las vidas”.
Por otra parte, anunció que seguirán fielmente las indicaciones de la Conferencia Episcopal, “sobre el plan de reparación integral de las víctimas de abusos en el que se está trabajando”. También dejó claro que no es justo atribuir a todos, “el mal causado por algunos”. Y es consciente de que este camino de reparación, “es imprescindible”, y al mismo tiempo, “creemos que puede ayudar a sanar también la herida causada al pueblo de Dios”.
Mons. José Luis Retana quiso en su homilía recordar también, “a todos los que, entre nosotros, nos hacen permanecer orgullosos de nuestra fe; sacerdotes que llevan a Jesús a cada corazón; consagrados entregados en la educación y en la asistencia; consagradas que atienden con su vida entera a los más pobres y necesitados, o misioneros en cualquier país del mundo haciendo visible el Evangelio”.
Tampoco quiso olvidarse de los laicos, “que se entregan como catequistas o voluntarios, así como los monjes y monjas que nos sostienen con su oración, o todos aquellos que viven su vida cristiana en medio de las preocupaciones ordinarias”. Y como obispo, ofrece su apoyo a todos ellos, “y aprovecho esta ocasión para haceros un llamamiento a todos, animándoos a que mostréis vuestro aprecio de confianza. Seamos justos y no juzguemos precipitadamente”.
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