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Este domingo se ordenarán cinco sacerdotes en la Sagrada Familia de Barcelona
El próximo 28 de junio, a las 18 horas, la basílica de la Sagrada Familia acogerá las ordenaciones presbiterales de cinco ordenandos: Jordi Avilés Zapater, Jordi Domènech Llauradó, Vicenç Martí Fraga, Joan Mundet Tarragó y Diego Pino. Los cinco serán ordenados por el arzobispo metropolitano de Barcelona, Card. Joan Josep Omella.
Los futuros sacerdotes, después de un proceso de formación intenso, llegan al paso definitivo. Tal como explica el rector del seminario, Mn. Felipe Juli, «unos siete años en discernimiento, en el que han sido introducidos en la oración litúrgica, en la vida en comunidad y en el deseo misionero». «En este tiempo las dimensiones de la formación sacerdotal, humana, espiritual, intelectual, pastoral y comunitaria han sido interiorizadas en las diversas etapas del itinerario», explica el rector del Seminario.
De perfiles y edades diversas, cada uno de los que se ordenan tiene una historia y un recorrido propio que les llevó a iniciar su camino hacia el sacerdocio. Algunos se iniciaron muy jóvenes como Joan Mundet, que a través del ejemplo de la familia católica y el afecto por la oración se convenció y, recién salido de la escuela, encontró una «gran felicidad en decir sí al sacerdocio». Ahora con 25 años, asegura que este paso por el Seminario se ha consolidado en «una etapa esencial de su vida». «Ves como el Señor no escoge aquellas personas que están preparadas, sino que prepara a las que elige y escoge las que quiere», explica Joan.
Entre estos escogidos, hay también el Jordi Domènech, de 31 años, licenciado en Ingeniería Industrial y el Diego Pino, técnico en Electrotecnia y técnico superior en Integración Social. Ambos entraron en el Seminario Conciliar a través de un largo proceso de discernimiento personal, vivido en medio de su vida social, académica y familiar.
Para Jordi la llamada de Dios llegó «siguiendo el deseo interior de ser feliz y buscando el camino que más le llenaba, sobre todo en la oración, donde el Señor llamaba», explica. Un camino de zig-zag, donde hubo de todo. «También negué el Señor muchas veces y busqué la felicidad donde parecía que podía ser, pero en realidad no estaba«. Aún así, «si me hago transparente, si miro al Señor en la cara y soy sincero, me doy cuenta que el Señor me llama a esta entrega», explica Jordi.
En otro marco, para Diego, las peregrinaciones anuales a Lourdes fueron decisivas. «Fue entre los más débiles, que me encontré con Cristo, presente en el enfermo – explica el futuro presbítero -. Cambió mi vida, y mediante el testimonio de diferentes personas y el acompañamiento de mi director espiritual, descubrí que el Señor me llamaba a ser sacerdote».
Igual que Diego Pino, Vicenç Martí encontró a Cristo en medio de un voluntariado, ayudando a los más débiles. Tras licenciarse en Derecho y después de dos másters cursados, uno en el extranjero, se decidió a entrar en el Seminario colaborando en el comedor de las Misioneras de la Caridad, en el Raval. «Allí descubrí que el cristianismo también era donación y que la donación no vacía sino que llena y da sentido».
Jordi Avilés hacía mucho tiempo que se lo planteaban, pero no acababa de dar el paso adelante. «La vida de estudio y luego la laboral me iban bien, me gustaba y era muy absorbente; por eso, durante muchos años seguí«. Así lo narra Jordi, Doctor en Filología clásica y profesor titular jubilado de la Universidad de Barcelona.
Después de una larga trayectoria profesional y mucha participación con la Iglesia, Jordi se decidió a seguir aquel camino que le había llamado ya, de pequeño, admirado por el ejemplo de un jesuita en su escuela. Pasaron muchos años. A base de compartir la fe con la comunidad parroquial, de hacerse más cercano a la Palabra de Dios, y de adquirir más responsabilidades en la celebración de la Eucaristía llegó a «vivir una sensación muy especial». «Una joya íntima, como si aquello fuera lo que había estado esperando desde siempre y, por fin, lo encontraba», explica.
Con este paso por el Seminario Conciliar todos coinciden en que las amistades y momentos vividos entre ellos y con los formadores, así como la madurez de su amistad y la confianza con Dios ha crecido.
Tal y como también comentaba Joan Mundet, Jordi Avilés reafirma la idea de que «el Señor llama personas muy diversas”. “Cada una con su carácter, sus tendencias (más espirituales, más pastorales o más litúrgicas), sus «manías», sus aptitudes y su carisma particular, pero todas ellas con un gran amor por el Señor y muchas ganas de servir a los hermanos», añade.
Ahora, unos meses antes de ordenarse, se encontraron con la tragedia del Covid- 19. Algunos de ellos lo han sufrido con la pérdida de seres queridos y otros contemplándolo en el confinamiento, con impotencia y siendo testigos del sufrimiento. El mismo Vicenç Martí explica como, con frustración, era testigo pero como se ha «reafirmado en la llamada». «He sido consciente de que la fe a veces hay que vivir en medio de dificultades externas».
Por otra parte, el rector explica cómo se ha vivido. «Con serena esperanza cristiana se ha intentado mirar esta triste realidad y esto también ayuda en la formación de los seminaristas. Es la realidad cotidiana en la que nos encontramos. Fortaleza y debilidad al mismo tiempo», dice Mn. Felip-Juli.
"Cambió mi vida, y mediante el testimonio de diferentes personas y el acompañamiento de mi director espiritual, descubrí que el Señor me llamaba a ser sacerdote"
Sin embargo, el confinamiento aparte de la tristeza, ha dado oportunidades. Así lo explica Joan Mundet, que ha mejorado la preparación para la ordenación disfrutando de momentos para «intensificar la oración y compartiendo más tiempo las personas con las que vivo». También, en la misma línea, el Jordi Domènech y Jordi Avilés valoran estos momentos que han podido encontrar para hablar con el Señor. Y en otro sentido, también ha habido descubrimientos, como Diego que, afirma que ha descubierto que «no está preparado para la vida monástica».
Quedan sólo unos pocos días para ordenarse en el altar de la basílica gaudiniana. Como rector del Seminario y también sacerdote, Mn. Felip-Juli les aconseja «que nunca se olviden del único Señor que es el quien les ha llamado» y que «amen a la Iglesia donde fueron engendrados en la fe cristiana y hechos sacerdotes para la comunión eclesial y la misión». «Que amen al mundo como campo de la misión que el Señor, a través de la Iglesia, los envía».
Los seminaristas, entre los nervios y la alegría por este nuevo capítulo de su vida recuerdan todos los momentos vividos. A su vez, también ellos, ya con experiencia dentro del Seminario, destacan entre los consejos que darían al que se decidiera a emprender este camino algunos de esenciales. Entre estos, “ser honesto con uno mismo”, “no tener miedo”, “confiar en el Señor y rogarle mucho”. «Si sientes la llamada, no la escondas o te puedes arrepentir toda la vida», dice Vicenç Martí. Por su parte, Jordi Avilés insiste en el dicho «todo lo bueno cuesta”, pero asegura que “una vez conseguido compensa». Ahora, todos ellos imaginan su futuro como sacerdotes, con retos y mucha ilusión. Tal como declaran, desean «poder servir fielmente a Dios ya los otros allí donde ellos destinados y donde la Iglesia les pida». Y en este sentido, el Diego pone como ejemplo las palabras del beato Pere Tarrés repitiendo: «Un solo propósito, Señor: sacerdote santo, a toda costa».
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