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La escribió Juan Antonio Menéndez dos días antes de su muerte
"Con el corazón estremecido leí la carta que escribió, supongo que haciendo un enorme ejercicio de memoria dolorida, intentando recuperar lo que durante muchos años ha retenido, para no revivir el daño del que fue víctima". Puede que estemos ante una de las últimas misivas escritas por el obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez, antes de su repentino fallecimiento cuando trabajaba en su despacho el pasado 15 de mayo.
Está fechada dos días antes, el 13 de mayo de 2019, y se dirige a una mujer que dos meses atrás relató al obispo, en una carta escrita de su puño y letra, los abusos sexuales sufridos cuando era una niña por parte de un sacerdote, ya fallecido, que durante años fue párroco en varios pueblos del entorno del Lago de Sanabria. "Reitero de nuevo mi rechazo a tan execrables hechos y le pido perdón" escribe el prelado.
"Después de leer su testimonio, nadie puede poner en duda que lo que usted vivió es una de las experiencias más traumáticas que puede vivir una niña: el abuso sexual" relata el obispo de Astorga, quien presidía la comisión antipederastia creada por la Conferencia Episcopal y había fundado, en el seno de su Diócesis, la primera delegación para atender a los menores y acompañar a las víctimas de abusos.
En ese contexto se entiende la carta firmada por el prelado asturicense donde otorga toda la veracidad al testimonio de la víctima, una mujer residente en Tenerife, y agredida sexualmente cuando solo contaba con 11 años. Hechos, que como le confió a Juan Antonio Menéndez, ocurrieron en los años 70. En aquel verano, ella y su hermana disfrutaron de un campamento en el Lago de Sanabria que se concedía a hijos de funcionarios, y fue allí donde conoció al sacerdote, "un hombre en apariencia bueno y cariñoso" relata en la carta enviada tanto al Obispado de Astorga como a la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Roma.
Quien fuera hasta su muerte inesperada el máximo responsable de la Diócesis de Astorga admite que "ese sacerdote que tenía que acompañarla a usted y a otros en su formación, se aprovechó de su estatus, de la confianza de su familia y de su inocencia para violar su intimidad y con ello, toda su persona y ese hecho se perpetuó a través del acoso que el abusador hizo cuando ya no le era accesible físicamente, ante el miedo de ser denunciado y condenado, conocedor de la gravedad del delito cometido".
Según la víctima, después de cometer los abusos, el sacerdote en cuestión envió varias cartas a quien entonces era una niña estando ya en su casa de Tenerife junto a su familia. "Me decía que yo no podía contar nada de lo que había pasado en aquel cuarto de baño. Que yo si decía algo, él diría en el Obispado y en la Guardia Civil que mi madre se había llevado reliquias de la iglesia y cosas de la casa de él, que él mandaría a mi madre a la cárcel y que a mi no me creerían".
El obispo de Astorga muestra su comprensión y cercanía a esta víctima "que durante todos estos años habrá tenido que vivir con este "fantasma" y sus secuelas: los sueños, el recuerdo intrusivo de aquella situación ... el miedo, la inseguridad... la culpa, la vergüenza y el esfuerzo estéril de olvidar esos episodios que han marcado su vida".
Juan Antonio Menéndez admite que "el trauma no está superado", que "es irreparable en el momento actual", que "a la niña ya en nada se le puede ayudar, pues, con esos hechos, se rompió su infancia, su inocencia y su idea de mundo seguro".
Y le ofrece "todos los medios a nuestro alcance para poder ayudarla a superar este trauma". Precisa el obispo de Astorga que "legalmente nada podemos hacer, ni civil, ni canónicamente, pues el sacerdote que cometió el abuso ha fallecido; pero humanamente sí podemos acompañarla en el proceso de superación del daño psicológico. En primer lugar pidiéndole perdón y poniéndonos a su disposición para proporcionarle la ayuda terapéutica que necesite".
La propia delegada episcopal del órgano creado para atender a los menores y acompañar a las víctimas de abusos, la psicóloga María José Díez Alonso, se ha puesto en contacto con esta víctima para facilitarle toda la ayuda necesaria, si es preciso desplazándose hasta Tenerife. Pero la víctima, que aún carga con el peso del daño sufrido siendo una niña, se ha apoyado en psicólogos y otros medios terapéuticos.
Fuente: La Opinión
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