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El presbítero diocesano Juan Mari Bautista lleva varios años como misionero en Ecuador. En una primera etapa, desde 1995, en Vinces y en Mocache, ambos en la diócesis de Babahoyo-Los Ríos. Tras vivir otra etapa de casi 10 años en Bilbao, en la parroquia San Francisco Javier -donde fue uno de los promotores de la Misa Latinoamericana, que se sigue celebrando en la actualidad cada último domingo de mes-, volvió a Ecuador en 2014, esta vez a la parroquia Monte Sinaí, donde continúa. La parroquia pertenece a la arquidiócesis de Guayaquil; está en un suburbio de la ciudad de Guayaquil. Desde allí, Bautista ha remitido una carta a la Delegación de Misiones de Bilbao, agradeciendo la ayuda recibida en estos meses y contando cómo están viviendo esta situación (Texto completo de la carta en este enlace).
Bautista explica que, desde los primeros momentos del estado de emergencia, cuando Guayaquil era un caos calamitoso y trágico, la ayuda les llegó puntual y precisa “en forma de whatsapps, de llamadas de teléfono, de ayudas económicas…Vuestras llamadas han sido una recarga abundante de ánimo, una dosis constante de aliento y un abrazo fuerte de sabor fraternal. Los diversos donativos y ayudas económicas, procedentes de misiones y de particulares, han sido un pilar fundamental que, en un principio, cuando parecía que todo se venía abajo, nos ha ayudado a sostener el edificio de la vida con dignidad y a disipar el sentimiento de impotencia que nos acechaba ante lo que estaba aconteciendo de forma inesperada y desconocida. Ese dinero se ha convertido en ataúdes, nichos, comida, (mucha comida), iniciativas educativas e incluso laborales.Y, sobre todo, en serenidad, paz, e incluso alegría de cientos de personas. Por todo ello, muchas gracias por cuidarnos. Vuestra ayuda nos ha cuidado”.
Juan Mari recuerda que, en plena Cuaresma, se declaró el toque de queda en Guayaquil. “Las obras clásicas de misericordia fueron cobrando actualidad y realidad” –señala-: “Enterrar a los muertos”, “dar de comer al hambriento”, “enseñar al que no sabe”, “visitar al enfermo"… La ayuda recibida les permitió en un primer momento a facilitar los ataúdes de las primeras personas fallecidas y algún nicho, “ya que –dice- las funerarias y cementerios con un comportamiento despiadado y especulador subieron los precios de su negocio, añadiendo a la tragedia angustia, incertidumbre y deudas por un tiempo a los familiares de las personas fallecidas”.
En un segundo momento, gracias a las diversas ayudas económicas, ante el colapso de las empresas y negocios, han dotado de alimentos en forma de canasta básica, a 300 familias semanalmente durante los tres primeros meses, “en los que raro era el hogar donde entrara algún dólar. Hoy, la situación ha cambiado a mejor y se han puesto en marcha un gran número de trabajos anteriores al estado de alarma”, añade.
Al inicio del curso, se encontraron con un grave problema educativo para los niños y niñas de escasos recursos: “El ministerio ha optado por la emisión de las clases de este curso vía informática. La desvergüenza en este aspecto por parte de las autoridades no tiene nombre. No ha tenido en cuenta las condiciones de vida de estos niños y niñas pobres, que no disponen de medios, porque tampoco se les facilitan. Solo se gobierna desde y para las clases pudientes, marginando de forma oficial y despiadada a los niños y niñas en cuyas casas no hay disponibilidad de medios para acceder a la propuesta educativa del ministerio. Y éste tampoco se las facilita”. Un grupo de jóvenes de la parroquia ha asumido la misión de socorrer a estos niños y niñas facilitando la conexión online, las tablets, teléfonos, impresora y seguimiento tutorial, creando un aula virtual para 70 niños en los espacios de la parroquia. “Una de las experiencias más gratas y edificantes de todo este tiempo es que los pobres, si estamos atentos y les escuchamos, nos siguen enseñando”.
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