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Con una emotiva y multitudinaria celebración concelebrada por 12 obispos má
(Archibarcelona).- 6.000 peregrinos, incluyendo 700 enfermos, 151 de los cuales pertenecientes a la Provincia Eclesiástica de Barcelona, se reunieron en la basílica subterránea de San Pío X en Lourdes para celebrar la misa final del peregrinaje a Lourdes. La emotiva y multitudinaria celebración eucarística fue presidida por el cardenal Juan José Omella y concelebrada por 12 obispos más. Entre los asistentes, se encontraban fieles de diversas regiones de España como: Ciudad Real, Mérida-Badajoz, Castellón, Valencia, Girona, Tarragona, Tortosa y Lleida.
Durante la homilía, el cardenal Omella recordó el deseo de la Virgen María, manifestado a Bernardette, de construir una capilla en Lourdes y de venir en procesión. «El deseo de la Virgen María se cumplió, por eso estamos hoy aquí. Con el paso del tiempo, lo que empezó siendo una capillita se ha convertido en una gran Basílica con varios centros de culto donde celebrar la Eucaristía», señaló Omella, resaltando la evolución y el significado espiritual del santuario.
El cardenal destacó tres palabras clave de la Palabra de Dios que iluminan la vida de los peregrinos: confianza, caridad y esperanza. Subrayó la importancia de la confianza en Dios, quien transforma nuestras vidas con amor. «Aceptar lo que hemos recibido es camino de paz y de alegría. Agradezcamos los dones que hemos recibido del Señor y pongámoslos al servicio de los demás», expresó, invitando a los fieles a avivar su confianza en Jesús con la ayuda de la Virgen María.
En cuanto a la caridad, Omella hizo un llamado a la solidaridad y al amor fraternal, recordando las palabras de San Pablo: «Cristo ha compartido y comparte con nosotros todo. Eso nos hace fuertes y nos permite vivir en paz y esperanza». Insistió en que la verdadera belleza que salvará al mundo es el amor sencillo y verdadero, el mismo que brota del corazón de Cristo en la Cruz.
Finalmente, el cardenal habló de la esperanza. «Dios es principio y fuente de esperanza. Nuestro mundo de hoy está necesitado de esperanza. Jesucristo, el Hijo de Dios, es nuestra esperanza», afirmó, animando a los presentes a poner su esperanza en Cristo y ser portadores de esperanza para los demás.
El cardenal Omella expresó su gratitud y devoción, invocando a la Virgen María para que continúe guiando y protegiendo a todos los peregrinos en su camino de fe.
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