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El cardenal de Madrid preside la consagración episcopal de Antonio Prieto
"Cercanía, misericordia y ternura". Estas son las claves de un obispo, según reveló el cardenal de Madrid, Carlos Osoro, a Antonio Prieto en su consagración episcopal como obispo de Alcalá. La diócesis complutense acogió un acto que no se repetía desde el año 850. La ceremonia estuvo presidida por Osoro, flanqueado por el obispo de Córdoba (diócesis de procedencia de Prieto), Demetrio Fernández, y el nuncio Bernardito Auza, encargado de leer la carta de nombramiento del Papa.
En su homilía, el cardenal Osoro pidió "hacer memoria" del comienzo de la Iglesia, y de la continuidad en el tiempo y la historia. "En la continuidad de la sucesión está la garantía de perseverar en la continuidad eclesial del colegio Apostólico", señaló. Así "es Cristo quien llega a nosotros, pues en la palabra de los apóstoles y sus sucesores es Él quien nos habla, mediante sus manos es Él quien actúa en los sacramentos; en la mirada de ellos es su mirada la que nos envuelve y nos hace sentirnos amados y acogidos en el corazón de Dios".
Porque, recordó el arzobispo de Madrid, "Cristo mismo es el verdadero pastor y guardián de nuestras almas, al que deseamos seguir con una inmensa confianza, gratitud y alegría". Dirigiéndose al nuevo prelado, le recordó que "tienes la misión de abrir esta Iglesia particular de Alcalá a la Iglesia universal, a la totalidad de la Iglesia, haciendo una Iglesia que esté viva".
Recordando la parábola de la oveja perdida y del buen pastor, Osoro invitó a aprender a mirar "desde la perspectiva de Dios" porque, "contemplando al ser humano desde Dios, se tiene una visión de conjunto, se ven peligros, esperanzas y posibilidades".
"Desde la perspectiva de Dios se ve la esencia, se ve y se contempla al hombre interior. Y evitar que el ser humano se empobrezca, hacer que el hombre no pierda su esencia, su capacidad para ver la verdad y para vivir el amor, hacer que el hombre llegue a conocer a Dios, que no se pierda en callejones que ni tienen ni dan salidas, que no se meta en el aislamiento, sino que permanezca abierto al conjunto, que permanezca en su esencia, esta es la gran misión y tarea del Obispo", subrayó.
"Nuestro Señor Jesucristo es el «obispo de las almas»; es el prototipo del ministerio episcopal y sacerdotal", insistió. Por ello, "ser obispo y ser sacerdote significa asumir la posición de Cristo: pensar, ver y obrar desde su posición elevada, para que todos los hombres encuentren la vida".
"Tu vida ha de tener un estilo, será siempre el estilo de Dios que se nos ha revelado en Jesucristo: da la vida para que tengan vida en abundancia, conoce a quienes el Señor te da, que te conozcan a ti, busca a quienes están fuera, nunca olvides el estilo de Dios, que es la ternura, y que implica cercanía y proximidad, comparte la vida con la gente; cada persona es digna de nuestra entrega", finalizó Osoro.
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