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El obispo emérito se despide de la diócesis este sábado, aunque se quedará en Almería
Se le han ofrecido hasta tres viviendas, pero se niega a abandonar el edificio del Seminario, que será alquilado. "¿Y entonces qué haremos con él?", se pregunta un sacerdote almeriense. El obispo emérito, Adolfo González Montes, se 'despide' este mediodía de la diócesis... aunque no se va. Ni él, ni los que continúan atacando la presencia de su sucesor, Antonio Gómez Cantero, nombrado por el Papa Francisco para frenar la sangría económica y de gestión del obispado andaluz. No parece que vaya a tenerlo fácil.
"Tiene derecho a quedarse, pero no como él quiera", sostiene otro presbítero de la diócesis, muy entristecido ante el "clima de tensión" que se vive entre Cantero y González Montes, y que el obispo emérito ha decidido prolongar quedándose en la diócesis, amparando a los grupos que defienden su gestión -'los negacionistas de la deuda', los llaman, con sorna, en Almería- y, especialmente, encastillándose en el edificio del Seminario después de que los seminaristas fueran trasladados a Cartagena-Murcia. No sólo por una cuestión económica, por cierto.
El edificio va a ser alquilado -no vendido, aunque se le propuso a Gómez Cantero, y éste respondió con un sonoro "¡Y una mierda!"- para paliar la inmensa deuda generada durante los últimos años, a causa de una pésima gestión que requirió la intervención de la Conferencia Episcopal y sucesivas decisiones de Roma, que quería una salida digna para González Montes, y que acabó por dejarle sin función alguna.
Porque en los últimos meses, el ya obispo emérito de Almería no tenía más función que representativa. Ahora, ni eso, aunque en algunas parroquias siga presentándose con el báculo, algo prohibido, "casi cismático", dicen algunas fuentes, que recuerdan que este objeto sólo puede ser portado por el diocesano.
"Está echando un pulso al obispo, apoyado por las antiguas 'fuerzas vivas' de la diócesis", relata para RD otro sacerdote. "Pero la gente no es tonta, y se queja". Gómez Cantero ha recibido lamentos de varios párrocos, pero prefiere continuar en silencio, y trabajar por la diócesis, a la que le esperan años difíciles. Creando su propio equipo, y tratando de convivir con su antecesor.
Cuentan fuentes bien informadas que González Montes se ha negado, en rotundo, a residir hasta en tres residencias que se le han ofrecido. Entre ellas, el apartamento de la casa sacerdotal donde vivió el antiguo obispo, Don Rosendo. No hay nada que hacer. "Todos debemos apretarnos el cinturón, y más el que ha provocado esta situación, que no puede seguir viviendo como un príncipe", critica otro clérigo.
Este mediodía, González Montes se despide. Pero no se va. Y avala a los que quieren continuar una deriva que, en el fondo, no va en contra de su sucesor, sino contra una decisión que viene del mismo Papa Francisco. Hoy, a las doce, misa de despedida.
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