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Se va. Por fin, se va (aunque puede que, físicamente, se quede). Este mediodía, el Papa Francisco ha aceptado la renuncia de Adolfo González Montes como obispo diocesano de Almería, culminando un proceso que arrancó en enero, cuando se nombró a Antonio Gómez Cantero obispo coadjutor (tomó posesión en marzo), y prosiguió en mayo, cuando Roma dio a éste plenos poderes para actuar en una diócesis en quiebra y marcada por los escándalos.
Nueve meses después de su entrada en la cátedra de San Rosendo, Gómez Cantero tiene manos libres para tratar de deshacer una herencia envenenada, con una quiebra técnica (se habla de un agujero económico de más de 20 millones de euros), además de distintas situaciones de abusos de poder y escándalos relacionados con el seminario, que llevaron al nuevo obispo a trasladar, de forma provisional, a los aspirantes al sacerdocio al Seminario de Cartagena-Murcia.
El cargo de obispo de Almería no fue, ni mucho menos, un encargo pedido, ni deseado, por Gómez Cantero, quien respondió a una petición directa de colaboración por parte del Vaticano. Él estaba contento y feliz en Teruel, trabajando por una Iglesia más sinodal y reconstruyendo tejido social en el centro de la España vaciada.
La misión de Roma no ha sido, ni es, fácil, toda vez que González Montes tejió una red de confianza en torno a su pontificado en Almería, difícil de desentrañar. Y el prelado saliente no lo ha puesto nada fácil, marcando desde el principio una separación, incluso física, con su sucesor. Desde este mediodía, momento en que Gómez Cantero ya es, automáticamente, obispo diocesano, las cosas habrán de seguir cambiando. Los problemas están en lo económico pero, sobre todo, en cuestiones relativas a la formación y la pastoral. Trabajo queda, y mucho, por hacer.
Roma llevaba desde 2019 investigando a González Montes. Al parecer, obras millonarias en el Seminario o el 'ala privada' del Palacio Episcopal, así como inversiones fallidas habrían podido esquilmar las cuentas de la diócesis, que tuvo que vender varios inmuebles para mantener a flote la maltrecha economía episcopal.
Así, tres pisos de la calle Velázquez o el local en el que se sitúa la Librería Pastoral habrían cambiado recientemente de manos a un precio inferior al de mercado. Además, han sido puestos a la venta otros inmuebles, como uno situado en la plaza Granero. Así, el patrimonio inmueble de la Iglesia almeriense también se habría visto afectado por la gestión de González Montes, tal y como informaba este verano La Voz de Almería.
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