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La diócesis de Zamora celebra su Asamblea: comunión, esperanza y futuro compartido
El Seminario San Atilano acogió el sábado 20 de septiembre la Asamblea diocesana 2025, un encuentro que reunió a alrededor de 150 agentes de pastoral —sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos y laicos— en un ambiente marcado por la oración, la reflexión y la fraternidad. La jornada se presentó como un espacio privilegiado para seguir profundizando en el camino sinodal que está recorriendo la diócesis.
Tras la oración inicial, dirigida por Enrique Alonso, diácono que próximamente será ordenado presbítero, el obispo diocesano, Fernando Valera, dirigió unas palabras en las que subrayó que, en tiempos de dificultad, el silencio puede ser una respuesta evangélica: “Una palabra, en el conflicto, a veces exige silencio”. En este contexto, el obispo compartió su visión sobre el presente de la diócesis: “La diócesis de Zamora está en un proceso nuevo, ilusionante, atractivo, objetivado por instancias eclesiales y sociales. Ha salido ya el sol. Lo percibo en los encuentros personales, en las celebraciones, en los trabajos de cada día, que hacen que la semilla plantada vaya creciendo”. Y animó a todos con un mensaje de esperanza: “Adelante, seguimos, estamos en camino, el horizonte está abierto. Estamos escribiendo el futuro de esta diócesis para los próximos años. Esta que es vuestra tierra, es la mía. El obispo de Zamora está orgulloso de su tierra y de sus gentes. Sois mi heredad”.
En su intervención, resumió también las líneas de su carta pastoral para este curso 2025-26, dirigida a sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, seminaristas, familias, jóvenes, inmigrantes, enfermos y fieles laicos. Subrayó que la conversión pastoral que vive la diócesis exige también una conversión de las estructuras, para hacerlas más flexibles, participativas y misioneras, con la escucha de la Palabra como eje.
El sacerdote Florentino Pérez Vaquero ofreció la ponencia central de la jornada, centrada en la importancia de generar una cultura vocacional en la Iglesia. Señaló que esa cultura nace de las relaciones personales y comunitarias, que configuran la identidad cristiana y que ayudan a comprender la vocación como don y tarea.
Explicó que la vocación se vive en un camino progresivo: desde la prefiguración, con su entusiasmo inicial; a la identificación con Jesús, que implica asumir su estilo de vida; a la configuración con Cristo, enraizada en la oración y los sacramentos; y finalmente a la transfiguración, que abre al creyente a la acción del Espíritu.
Subrayó también que todas las vocaciones —laical, consagrada y sacerdotal— son necesarias y complementarias, pues cada una refleja el misterio de Dios y participa de la misión común de anunciar el Evangelio.
Continuó la religiosa Sor Concha Álvarez introduciendo el método de la conversación en el Espíritu, que favorece la escucha activa, el discernimiento comunitario y la construcción de consensos desde la fe.
El descanso en torno a un café facilitó también el diálogo informal y el fortalecimiento de lazos entre los asistentes. Retomada la jornada, Florentino acompañó una oración tras la cual los participantes se distribuyeron en grupos para trabajar desde la metodología de la conversación en el Espíritu. Las conclusiones de estos trabajos se recogerán y se darán a conocer antes de la próxima Asamblea, tras su estudio por el equipo coordinador.
La celebración eucarística tuvo lugar en la iglesia de San Andrés del Seminario, recuperando así su uso litúrgico tras la salida de los pasos hacia la carpa de la Junta Pro Semana Santa.
En su homilía, el obispo ofreció una profunda meditación a partir de la figura de Santa Verónica Giuliani, subrayando que el amor verdadero es siempre operativo, y que la gloria de Dios se manifiesta en la humildad y en lo cotidiano. “Todos estamos llamados a ser tierra buena, a acoger la semilla de la Palabra y dar fruto abundante”, señaló.
Recordó, citando a Romano Guardini, que “una verdad dicha con mansedumbre y respeto es una mano tendida que crea puentes”, invitando a los presentes a ser sembradores de esperanza en la vida diaria.
La jornada concluyó con la entrega de la carta pastoral del obispo para el curso 2025-26 y con una comida fraternal en el Seminario, en la que se prolongó el ambiente de alegría y comunión que caracterizó toda la Asamblea.
La Asamblea diocesana de 2025 ha sido un signo de que la Iglesia de Zamora está viva, en camino y abierta al futuro. Con la participación de todas las vocaciones, en un clima de corresponsabilidad y esperanza, se refuerza el compromiso común de ser una Iglesia que escucha, que camina unida y que anuncia el Evangelio con humildad y entusiasmo.
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