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Primer domingo de Adviento, la "alegría que llega"
Coincidiendo con el inicio del tiempo de Adviento, la Delegación de Liturgia recomienda la colocación de la corona de Adviento en un lugar destacado de las parroquias y otros lugares de culto «como signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad». «Es símbolo de esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, ya que el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros y con su muerte nos ha dado verdadera vida», explican.
En este sentido, subrayan que la corona encierra en sí «varios símbolos»: en primer lugar, «la luz, que señala el camino, aleja el miedo y favorece la comunión; y para los cristianos es símbolo de Jesucristo, luz del mundo», tal y como se expresa en este pasaje de la Sagrada Escritura: «¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (Is 60,1).
En segundo lugar, continúan, «el color verde de la corona significa la vida y la esperanza» y, en tercer lugar, «el hecho de encender cada semana los cirios de la corona pone de relieve la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad». «Nuestras celebraciones no deben desaprovechar la posibilidad de utilizar este gesto, que ayuda a subrayar el valor pedagógico de la liturgia durante este tiempo», aseveran.
Por eso, desde la delegación inciden en que conviene bendecir la corona al comienzo de la celebración eucarística del primer domingo de Adviento, tras el saludo inicial, suprimiendo el acto penitencial. La bendición, cuyo texto se reproduce a continuación, puede ser precedida de una breve monición explicativa y seguida por un canto apropiado.
Oremos.
La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque
y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que,
por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
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