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"Dios no es un huésped que viene de visita: es de la casa"
El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, ha presidido este viernes, 15 de agosto, la Eucaristía en honor a la Virgen de la Paloma, donde ha propuesto tres pasos concretos para afrontar las soledades de la ciudad y avanzar hacia una sociedad reconciliada: mirar al cielo, hacer espacio a Dios en la vida cotidiana y salir al encuentro del otro.
Una Eucaristía en la que ha estado acompañado por los vicarios episcopales de las Vicarías III, Ángel López y VI, Gabriel Benedicto, este ultimo también párroco de La Paloma. También estaban presentes varias autoridades civiles, entre ellas la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la vicealcaldesa de la ciudad, María Inmaculada Sanz Otero, el Delegado del Gobierno, Francisco Martín, y representantes autonómicos y municipales, como los concejales Reyes Maroto y Javier Ortega Smith.
En su homilía, el cardenal partió del origen de la devoción a la Virgen de la Paloma. Recordó cómo, a finales del siglo XVIII, unos niños jugaban con una cometa hecha de un trozo de tela desgastada, sin saber que en ella estaba pintado el rostro de la Virgen. Una vecina, Isabel Tintero, fue quien supo mirar con atención y descubrir en esa tela a María. «Ella miraba al cielo y allí descubrió la imagen de María guiada por el juego de los chavalillos», relató el arzobispo, que propuso recuperar esa capacidad de ver más allá de lo aparente.
A partir de ahí, ha querido desarrollar su propuesta en tres direcciones. La primera: levantar la mirada. «En Madrid solemos mirar demasiado al suelo, a nuestros espacios pequeños y cómodos. ¿Cuánto hace que no miras al cielo para dejarte sorprender por Dios?», preguntó el arzobispo. Frente a una cultura del control, de lo inmediato y de lo utilitario, insistió en la necesidad de recuperar una mirada abierta a lo trascendente. «Vivimos en una sociedad que olvida a Dios, que lo relega a algo accesorio. Caminamos midiendo cada paso, sin levantar la cabeza».
En ese contexto, ha abordado uno de los hilos principales de su intervención: la soledad, a la que se refirió como una realidad creciente y diversa. «En una época hiperconectada aparecen soledades con múltiples formas y funciones: desde la infancia, la de los jóvenes, o hasta la vejez, pasando por situaciones de marginación emocional, culpa, rencor y expectativas incumplidas. Cada persona vive la soledad de manera distinta».
El segundo paso que ha propuesto fue dar espacio a Dios en la vida cotidiana y en los hogares. Así, ha vuelto a la figura de Isabel Tintero, que enmarcó la imagen encontrada de la Virgen y la ha colocado en la entrada de su casa con una lámpara encendida. «El mundo necesita dejar espacio a Dios, no como un recuerdo escondido, sino como luz que ilumina toda la vida hasta hacerla eterna». Según el arzobispo, esto implica no encerrar la fe en el ámbito privado: «Dios no es un huésped que viene de visita: es de la casa».
La tercera dirección fue salir al encuentro. Inspirándose en el pasaje evangélico de la visitación —cuando María acude a casa de su prima Isabel—, ha recordado que María, embarazada y llena de Dios, «se pone en camino, sube montañas, sale de lo de siempre con un horizonte: portando a Jesús en su vientre va hacia quien le necesita». Y ha añadido: «Creer en este Dios es ponerse en marcha y provocar encuentros».
El arzobispo de Madrid se ha dirigido también a los responsables públicos, a quienes ha preguntado: «¿Quiénes son las Isabeles que esperan de vuestra ayuda para curar, acompañar y cuidar en nuestra ciudad?». Ha extendido esa pregunta a toda la comunidad cristiana: «¿Qué Isabeles nos están esperando para ser visitadas y ayudar a que la vida, toda vida, toda soledad, sea cuidada en cada rincón de nuestra ciudad?».
La homilía ha finalizado con una llamada directa a la paz, en un contexto global marcado por los conflictos armados. Cobo ha pedido orar y actuar por quienes sufren las consecuencias de la violencia. «La guerra golpea a los inocentes y a los débiles; lo vemos hoy especialmente en Gaza, Sudán o Ucrania, o en más de 56 conflictos armados abiertos». Ha pedido así «trabajar, cada uno según su responsabilidad, por el fin de la violencia, la protección de los fieles, la defensa de lugares de culto y el acceso pacífico a la ayuda humanitaria».
«La fe no es una colección de ideas, sino un movimiento: salir, encontrarse, pacificar, tocar la vida de los demás», ha dicho antes de cerrar la homilía. «No nos quedemos mirando al cielo embelesados ni jugando con la cometa: salgamos a acoger a Dios en quienes han encontrado sentido a su vida». Así ha concluido, retomando la imagen de la cometa que sobrevoló los orígenes de la devoción a la Virgen de la Paloma, para plantear una propuesta: mirar al cielo desde la tierra, dar espacio a Dios y convertir la fe en movimiento.
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