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"Celebramos, una vez más, la donación y la acogida"
El 10 de noviembre, en la Casa Madre de las Hermanas de Ntra. Sra. de la Consolación (Jesús-Tortosa), dos hermanas celebraron su profesión perpetua: Ana Belén Soriano Dionis (Onda – Castellón) y Thais Mor Puig (Roquetes - Tarragona). Dos jóvenes sencillas, que han dicho sencillamente sí al Señor, para siempre. La eucaristía fue presidida por el obispo de Tortosa: Monseñor Enrique Benavent Vidal.
“Atraídas por la fuerza de tu Amor, reconocerte mi Señor, Dios de mi vida”. Con estas palabras fuimos invitados y convocados a esta celebración. Y es que no hay nada más sencillo que abrirse al Amor, reconocerlo y lanzarse a amar como Él.
La celebración fue un derroche de gestos, en el que el mayor de ellos fue, una vez más, la donación: la donación de Jesús en el misterio de la Eucaristía, y la donación de dos vidas que se entregan al Amor. Todos los que vivimos el momento, coincidimos en la belleza y la sencillez de cada detalle.
“Sé fiel a la misión que se te confíe”: este fue el deseo que la Madre General Antonia Munuera tuvo para cada una de ellas. Hoy Ana Belén ha regresado a Villacañas (Toledo) y Thais a Zaragoza, donde, desde lo cotidiano y concreto de la vida, siguen siendo instrumentos de misericordia y consolación para todos cuantos caminamos con ellas.
“Todo para gloria de Dios y bien de los hermanos, nada para nosotras” (Sta. María Rosa Molas).
Mi nombre es Ana Belén, tengo 37 años y pertenezco a la Congregación de Hermanas de Ntra. Sra. de la Consolación. Soy de Onda, un pueblo de Castellón. Vivo actualmente en Villacañas (Toledo) y comparto con una comunidad de 7 hermanas la misión de transmitir el carisma de la Consolación a través de la educación.
¿Cómo descubrí mi vocación?
Detrás de todo lo que hacía y vivía, buscaba, ¿qué buscaba? En ese momento no sabía definirlo como ahora. Buscaba el sentido de mi vida, buscaba aquello que llenara mi vida.
En un momento concreto a través de la oración, descubrí que la Palabra de Dios se hacía vida en mi día a día, que tenía sentido vivir el evangelio… y Dios tocó mi corazón, ahí fue donde “puso mi vida patas arriba”, y me invitó a vivir de una manera diferente, más auténtica, más comprometida.
Nunca me había planteado la vida religiosa, y tras muchos rodeos, al final me di cuenta de que Dios me llamaba a estar con Él: “Vente conmigo”. Experimenté cómo Dios estaba al lado de la gente sencilla, de los pobres, de los indefensos, de los que no tienen voz, de los que no se han sentido nunca queridos. Allí sinceramente me enamoré de las cosas de Dios.
¿Por qué la Consolación?
Una razón es porque experimenté en mi vida la consolación de Dios, lo que dio sentido a mi vida. “Consolad, consolad a mi pueblo, hablad al corazón del hombre” (Is 40,1). Me sentí llamada a vivir estas palabras del profeta Isaías, a hablar al corazón de tantas personas que sufren hoy.
Otra fue conocer a las Hermanas de la Consolación: me impacto su alegría, su entregada a los demás, su sencillez y humildad… Y que eran mujeres de Dios. En ellas encontré, mi lugar el espacio en el que mi corazón se reconocía y anhelaba. Me sentí llamada a contagiar a otros la alegría de haber conocido a Cristo y el consuelo de su amistad, a sostener, acompañar y alentar todo desconsuelo. Descubrí que Dios me llamaba a seguirle desde el carisma de la consolación, entregando mi vida al servicio de Dios, de la Iglesia y de los más necesitados.
¿Cómo han sido estos años de vida consagrada?
Un tiempo de formación, discernimiento, actividades pastorales, de hacer experiencia de comunidad… de ir afianzando más mi vocación como mujer consagrada, aferrándome más al Señor. Un tiempo de dar gracias por el don de su llamada, y saberme profundamente amada desde mi pequeñez y fragilidad, y descubrir cómo Él va haciendo historia de salvación en mi vida.
¿Cómo acoges unos votos que son para siempre?
Cuando sabes que estás cumpliendo la voluntad de Dios, te invade una gran alegría y felicidad. Un corazón agradecido por la fidelidad de Dios conmigo. Es un momento muy especial, donde quiero expresar la alegría profunda de entregar mi vida a Dios, con la certeza de que es Él quien sostiene y da sentido a mi vida. Todo ello nace del encuentro con Jesús, y sólo desde Él, tiene mi sentido mi consagración.
Por eso, acojo estos votos, con un corazón agradecido y pobre, sintiéndome profundamente amada por Dios. Un deseo de amar como Él, ofreciendo mi vida para que otros tengan vida. Sin olvidarme de Sta. María Rosa Molas y de María, que ellas guían mi consagración a Dios y mi servicio los hermanos. ¡¡Es apasionante ser hermana de la Consolación!!
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