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El arzobispo celebra el rito de admisión a las órdenes de 17 seminaristas en la Almudena
(Archimadrid).- «Venimos llenos de alegría, como peregrinos de la esperanza de la mano de José». Era la exclamación gozosa al comienzo del Jubileo de los Seminaristas en la catedral de la Almudena este martes 17 de marzo. Una tarde ya festividad litúrgica de san José, patrono de la Iglesia universal y de los seminarios, en la que el canto de gloria en esta gran solemnidad rompía el ritmo de la Cuaresma.
Del cielo de Madrid caía lluvia, pero también misericordia en este año jubilar convocado para la Iglesia universal bajo el lema Peregrinos de la Esperanza, que se hacía coincidir en este día con el rito de admisión a órdenes de 17 seminaristas del Seminario Conciliar de Madrid y del Seminario Redemptoris Mater.
«Su linaje será perpetuo», se cantaba en el salmo responsorial. Voces fuertes en la catedral, de hombres que, como ha dicho el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, en su homilía, han querido «entrar juntos como peregrinos en la misericordia del Señor». Peregrinar, ha dicho, «es una parábola de la vida cristiana» y se ha referido a los seminaristas como peregrinos que buscan «claves y llamadas para modelar el sentido de vuestra vida ministerial». «Peregrináis para aprender a peregrinar», ha señalado, y «así os preparáis para caminar delante, en medio y detrás del pueblo de Dios que siempre sostiene por medio de los diversos ministerio y vocaciones».
El arzobispo de Madrid ha invitado a los peregrinos a «dejarse enseñar a caminar junto con otros, viviendo, rezando, compartiendo, acogiendo, dejándose ayudar». Y «despojándose de muchas cosas, no solo las malas, sino también las que no ayudan a la armonía y a la comunión», porque «el peregrino camina ligero de equipaje, despojándose de sí mismo, de los prejuicios, de las ideologías, de las convicciones de grupos, para hacerse universal, para interiorizar como pastor a todos los demás».
La peregrinación, ha continuado, se hace hacia Dios, «pero siempre con otros, con la Iglesia y en la Iglesia»; «y solo caminando con este pueblo nos convertimos en auténticos peregrinos de esperanza».
A los seminaristas presentes en la catedral de la Almudena les ha recordado: «Has recibido el don, el regalo de la llamada para que tu vida, llena de gozo e ilusión, se gaste y desgaste por el Señor, toda y solo por Él». Y les ha animado: «No os la reservéis; sed valientes para la entrega, que os hará felices». El Señor, ha señalado, los envía para entregar sus vidas «en el servicio a su pueblo santo», y en este sentido, el encuentro vivo y personal con Jesucristo debería significar para todos vosotros un revestirse de este oficio de servidor».
Pero, ha especificado, «servidores de “todos”, sin distinciones ni selectividad; creando comunión; como Jesús, que salió al encuentro de cada persona allí donde estaba su historia y su libertad». Y este oficio se aprende en el «silencio de la escucha de la Palabra de Dios», en la contemplacion orante de la vida de Jesús y en el «ejercicio cotidiano del servicio a los otros».
En este peregrinar, ha añadido el arzobispo de Madrid, «nos dejamos iluminar por san José», el hombre sencillo y humilde que «no tuvo certezas absolutas, pero tuvo fe y amor; no entendió todo de inmediato, pero se dejó guiar». Al entrar en el seminario no se asegura el éxito ni la facilidad en el camino, ha reconocido el cardenal Cobo, «pero al igual que san José, contad con la certeza de que Dios camina con vosotros».
A san José, Dios le regala los pasos a dar en sueños «que él acoge con sencillez y por amor a María en una fe obediente». «Estoy convencido —ha añadido el arzobispo de Madrid— que Dios continúa hablando en sueños, por eso no tengáis miedo a soñar, no frustréis los sueños de Dios sobre vosotros». Y ha concluido el cardenal Cobo pidiendo a san José «que todos en la Iglesia sigamos soñando» y «que sepamos como él acoger a cualquier hora las sorpresas de Dios».
El arzobispo de Madrid ha estado acompañado por los tres obispos auxiliates de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, José Antonio Álvarez y Vivente Martín, así como los rectores del Seminario Conciliar de Madrid, Antonio Secilla, y del Seminario Redemptoris Mater, Eduardo Zapata; el rector de la Universidad San Dámaso, Nicolás Álvarez de las Asturias; vicarios episcopales y hasta un centenar de sacerdotes. La catedral se ha llenado tambien de familiares, amigos y hermanos de comunidades de los seminaristas.
Durante la ceremonia han sido admitidos a órdenes los siguientes seminaristas:
El rito de admisión a órdenes supone que la Iglesia confirma la vocación sacerdotal de los jóvenes que ya llevan un recorrido de formación en el seminario, y que, en palabras del que fuera rector del seminario y actual obispo auxiliar de Madrid, José Antonio Álvarez, «más que expresivo en las formas, es muy significativo en el proceso». Es el primer momento, después de esos años de formación, en el que hay «un reconocimiento por parte de la Iglesia, a través del obispo, de que hay vocación al ministerio sacerdotal», y a su vez, «los seminaristas se comprometen públicamente a continuar y completar su formación sacerdotal».
En el rito, los seminaristas reciben la ayuda, por medio de la oración y el afecto, de toda la comunidad cristiana. Por eso la celebración pública de este acto adquiere todo su sentido. La fórmula es un interrogatorio hecho por parte del obispo en el que les pregunta si quieren completar su preparación para ser sacerdotes y si «queréis formar vuestro espíritu de manera que seáis capaces de servir fielmente a Cristo el Señor y a su cuerpo, que es la Iglesia».
Nombrados de uno en uno, y respondiendo cada uno con un «presente» y un «sí, quiero», el cardenal ha concluido con la fórmula «la Iglesia acepta con alegría vuestro propósito; Dios lleve a buen fin lo que Él mismo ha comenzado en vosotros».
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