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Durante la eucaristía final de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
(Archimadrid).- Domingo del Buen Pastor este domingo, 11 de mayo, y la diócesis de Madrid lo ha celebrado de manera solemne en la catedral de la Almudena junto a quien el Señor encomendó pastorearla, el cardenal José Cobo, arzobispo. Recién llegado de Roma, donde ha participado en el cónclave, ha tenido unas palabras para el nuevo Papa León XIV.
«Ayer estuve con él, le trasladé la felicitación de toda la diócesis y os traslado su bendición para Madrid». «Estamos presentes en la oración del Papa», ha asegurado; de hecho, hoy el propio León XIV en su primer Regina coeli dominical desde el balcón de san Pedro ha saludado expresamente a los fieles de Torrelodones.
El arzobispo de Madrid ha presidido la Eucaristía de 12:00 horas en la catedral que servía de colofón a la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. En la diócesis se ha vivido de manera especial haciendo, como es tradición, una cadena de oración ininterrumpida en el Seminario Conciliar de Madrid desde el pasado viernes, 9 de mayo, organizada por Jóvenes Madrid.
En la Misa, el cardenal Cobo ha estado acompañado por los vicarios episcopales de Vida Consagrada, padre Aurelio Cayón, sscc, y de Pastoral, José Luis Segovia, así como el que fuera vicario episcopal Javier Cuevas y el rector del Seminario a conciliar de Madrid, Antonio Secilla. También han estado presentes la delegada episcopal de Jóvenes, Laura Moreno, y de Familia y Vida, María Bazal.
«Con esa sensación de alegría que tenemos todos de acoger a un nuevo Papa», ha comentado el cardenal Cobo al comienzo de su homilía, «notamos cada vez más que Dios nos cuida, nos conduce y nos guía». También en esta jornada, en que se aprecia cómo «nos va uniendo unos a otros para configurar a su pueblo, a ese rebaño que cuida y ama».
Haciendo referencia a la vocación, que «no es una decisión personal», sino «percibir la llamada de Alguien» para ser «de Alguien», el arzobispo ha explicado que «Dios se fía de nosotros» y «siempre cuenta con nosotros». «Nos llama y nos invita a ir respondiendo ocupando el lugar que Él sueña». Y así, «sueña con cada uno de nosotros, como soñaba también con el Papa», quien es signo de unidad, ha asegurado, y quien «nos confirma en la fe».
«¿Nos has pensado qué sueño tiene el Señor sobre ti, del que tú formas parte para que Dios siga llegando a todos?» ha interpelado el cardenal a los presentes en la catedral, este domingo ocupada de forma masiva por los fieles (familias, mayores, jóvenes), también en los pasillos laterales de pie a falta de sitios ya donde sentarse. Pues «esta Pascua, Dios espera tu respuesta».
«La vocación -ha continuado- es una respuesta de amor a Dios que se da en un momento de la vida para aprender a caminar con Él». Es, ha añadido, «una respuesta de amor a quien sabemos que nos ama primero». Ese amor es personal, porque «cada uno es original; por eso Dios hace una historia personal» con cada uno, «saca lo mejor de nosotros, encuentra en nosotros algo especial». Para Él, «cada uno de nosotros valemos mucho».
En esta llamada, lo primero que pide es que «nos pongamos en su presencia y nos dejemos abrazar por Él». «Escucha su voz en el corazón, en los acontecimientos de tu alrededor», ha animado, y ahí «escucharemos nuestra vocación». Y luego, «Dios se fía de tu respuesta; confía tanto en nosotros que por medio nuestro va realizando su acción». «Dios se fía de nosotros, como ha hecho estos días también para elegir al Papa; Él espera que sintonicemos con Él, que le escuchemos y actuemos».
Todas las vocaciones, en «interdependencia» unas de otras, tienen la misma fuente, el Bautismo, y responden a una única misión, tal y como ha recordado el arzobispo. A todos «Dios nos llama a construir la Iglesia», sacando al hombre de «las absolutizaciones, de las polarizaciones», de las « ideas que se ponen por encima de la fe, que generan división». Todos «estamos convocados» y todos «aprenderemos a cuidar todas las vocaciones» que parten de este Bautismo, por el que «somos discípulos de Cristo en misión».
El cardenal Cobo ha concluido animando a «que nos fiemos de Dios, del proyecto que tiene para cada uno de nosotros y de la Iglesia». «Tenemos futuro como Iglesia, lo hemos visto estos días».
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