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También hubo procesiones de rogativas y agradecimiento a la Virgen
Los barceloneses no sólo pidieron la intercesión de la Virgen de la Merced para salvarlos de la plaga de langostas de 1687. También lo hicieron dos siglos después, en 1821, cuando una epidemia de fiebre «amarilla» afectó a la ciudad, causando la muerte de más de ocho mil personas. Así lo muestran los documentos de la época que conserva el Archivo Diocesano de Barcelona y que detallan cómo desde el Ayuntamiento se pidió, en septiembre de 1821, la intercesión de la Iglesia ante la emergencia sanitaria que vivía la ciudad. Desde el Obispado, se atendió esta petición con la organización de diferentes actos religiosos, los días 18, 20 y 22 de septiembre.
Los documentos detallan cómo se llevaron a cabo las «Rogativas pro vitanda mortalitate»: «al mismo tiempo que esta Junta Municipal de Sanidad no perdona medio ni fatiga para cortar las enfermedades que se han descubierto y proporciona todo el alivio posible a los enfermos, tanto en lo espiritual como en el temporal, y penetrada de los mayores sentimientos religiosos, está bien que estos principales remedios que las actuales circunstancias exigido es el de implorar la misericordia del todopoderoso miedo medio de sobre ministros, como se practica en estos casos.»
Sin embargo, la crisis sanitaria no remitió y, tal y como recoge también el Diario de Barcelona, ese mes de octubre la feligresía solicitó hacer una procesión para pedir la intercesión directa de Nuestra Señora de las Mercedes.
Finalmente, el Ayuntamiento y con buena parte de la población fuera de la ciudad instalados en campamentos provisionales en la montaña de Montjuïc, se autorizó para el día 8 de octubre.
El mes de noviembre, la epidemia comenzó a remitir y el 25 de ese mes se celebró un solemne Te Deum en la Catedral en acción de gracias por el debilitamiento de su virulencia. El 30 de diciembre, cinco días después de darse por extinguida, todas las autoridades civiles y eclesiásticas, con una afluencia masiva de barceloneses, hicieron una procesión final de agradecimiento directo a la Virgen de la Merced.
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