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Algunos hechos muy simbólicos y omisiones inadmisibles
La crónica sobre la Ordenación episcopal de don Fernando García Cadiñanos, publicada el mismo sábado día cuatro, aquí mismo, en Religión digital, fue extensa; sin embargo, hechos muy simbólicos, como los aplausos en una iglesia o los cambios de celebrante principal en una misma Misa, sólo se mencionaron. Y hubo omisiones inadmisibles por injustas, por ser contrarias al “dar a cada uno lo suyo”.
Así, no hubo indicación de la excelencia de la Coral Polifónica Ferrolana, A´Magdalena, entidad octogenaria, que hoy dirige la joven Sofía Rodríguez, cuyas polifonías, desde la sillería coral, a la izquierda de la nave principal, pudieron escucharse durante toda la Ceremonia. Humildad propia de la música religiosa que, con tres instrumentos, la voz humana que habla a Dios con el canto, las campanas y el órgano, siendo esencial, parece accesoria. Música que se hace imperceptible.
La Ceremonia con sus ritos de Ordenación ministerial y posesión, fue modélica, con la sabiduría de tantos siglos conservada y que forma parte del acervo inestimable de la Iglesia. Se juntaron lo jurídico, exhibición de las Letras apostólicas del nombramiento al Colegio de Consultores y al pueblo presente, y la Tradición, con arreglo a la cual se desarrolló la Ordenación. Y la Liturgia que también es teatro, pero ¡Atención! no un teatro que signifique banalidad, falsedad o ritualismo, sino que es asunto de Dios, de “Theos”, de donde procede la voz “Teatro”, no siendo casual que en la Grecia clásica, en el Partenón, el teatro estuviesen al lado, muy cerca, del templo.
Lo de la Liturgia y de sus reformas, tiene graves implicaciones, como San Pablo VI comprobó, con pena y dramatismo, durante y después del Concilio Vaticano II, o como el Papa Francisco podrá comprobar, ahora, en relación a su Motu Proprio, Traditionis custodes, de 16 de julio de 2021: “Custodios de la tradición, los obispos…”.
Las élites todas en crisis, las civiles y eclesiásticas, por haber incumplido las obligaciones inherentes a su privilegiado status, pasan momentos de desprestigio y rechazo, lo cual, por exigencias de verdad, exigiría explicar muchos matices y diferencias entre unas y otras, según la ciencia política civil y la ciencia religiosa. Escribir de los elitistas obispos, por la complicación de éstos y de sus recodos mentales, por transitar entre opuestos muy difíciles de gestionar, por ser a veces muy confiados y a veces muy desconfiados, no es fácil, aunque siempre con la valentía que da la libertad.
Cuando Mondoñedo aún dormía, apenas soleado el cielo azul y las laderas del Valle cubiertas por nieblas blancas, mariñadas, paseando por los alrededores del Seminario, encontré a don Fernando Valera, obispo de Zamora, al que saludé, resultando afable, cercano e invitándome a un café; le recordé mi Crónica aquí de su Ordenación episcopal, y al que escuché, más tarde, sus sermones con ocasión de su primera Semana Santa episcopal.
Paseando minutos después por las rúas estrechas y empinadas de Mondoñedo, crucé con monseñor Blázquez, que iba acompañado de su secretario, en funciones litúrgicas de Diácono. Tentado estuve de exhibirle -lo llevaba en la cartera- el libro del Monseñor Al atardecer de la vida, por si deseara escribir algunas palabras de dedicatoria; pero no, estando tan concentrado el Cardenal, de tanto misticismo avulense, no me atreví a interrumpirle, y pasé de largo junto a él.
En la procesión, desde el Palacio Episcopal al Altar Mayor de la Catedral, entre los obispos, se encontraba el espigado leonés, ahora Obispo de Astorga, don Jesús Fernández, que pudo, en su día, ser un buen Secretario de la Conferencia Episcopal española, si su superior de aquel entonces, en Galicia y no gallego, lo hubiese querido. Y está muy bien que obispos tan vascos, con fama de nacionalistas, como Joseba S. Etxezarraga, de Bilbao, con sentido colegial, pasen y acudan a ceremoniales de Astorga, Zamora y Mondoñedo. Al que, por cierto, no vimos, fue al nacionalista español monseñor Munilla, obispo de San Sebastián. Por cuierto: ¿Qué Presidente de la C.E.E. influyó para el nombramiento del ahora emérito de Solsona?
Interesantes son las diócesis, cuya capitalidad no coincide con la capitalidad civil (Astorga, Mondoñedo-Ferrol, Tuy, Burgo de Osma, Calahorra-la Calzada y otras). Por esas localidades aún se puede ver al nuevo obispo, entre la gente, caminando hacia la Catedral o primera Iglesia de la Diócesis, para su Ordenación. Acaso en esos lugares, el obispo sea más obispo, y no se debería cansar a las gentes, muy de amantes de sus pequeñas localidades, con continuos cambios, no permitiendo llegar a conocerle, sabiéndose de “sedes de entrada”. Vimos, acompañando a don Fernando García Cadiñanos, desde la Casa do Concello, a Luis Ángel de las Heras, obispo de León y antes de Mondoñedo, de 2016 a 2020, conversando con el Nuncio apostólico, desde la Casa do Concello hasta la Catedral, y me pregunto: ¿Conocerá ya el religioso claretiano las razones de su traslado episcopal, de Mondoñedo-Ferrol a León?
Sobre el nuevo obispo, flaco y muy nervioso, evitando alabanzas y aplausos, aconsejo a los lectores y lectoras que, a través de You Tube, vean y escuchen la lección eclesial que sobre Caritas pronunció en Castellón, en el año 2018. Los comentarios han de sobrar.
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