"Esta entrada es una publi de Molina Ópticos (c/Almendralejo 18 de Mérida), y más exactamente de sus clientes y de su dueña, Loren Molina Ruiz, que han trabajado en equipo dando forma a una iniciativa solidaria tan simple como efectiva"
No se puede sobrevivir solo acá, siempre dependemos unos de otros. La vida, el sustento, la fuerza, el trabajo, todo ello es una corriente que fluye entre todos y se comparte. Por eso no se puede mezquinar, es decir, no compartir, negar la ayuda a quien te pide porque está misio, teniendo tú alguito. Mezquinar es el más feo pecado en nuestro pueblo, y compartir palabra mágica y deber sagrado.
Las cifras oscilan según la fuente, pero son siempre escandalosas e inadmisibles: según Global Witness entre 2012 y 2021 fueron asesinados 51 defensores ambientales, 12 de ellos solo en la pandemia 2020-2021; la organización AIDESEP sitúa en 32 el número de líderes y lideresas victimados en la década 2013-2023. Perú pasa por ser el cuarto país más peligroso del mundo para un defensor ambiental.
Son frecuentemente autoridades representativas de sus comunidades que de manera decidida promueven y protegen el derecho a vivir en un ambiente sano y sostenible, luchando por resguardar sus territorios y sus recursos naturales frente a actividades ilegales que suponen la degradación del medio ambiente, la contaminación y la violencia.
Pobre Amazonía convertida en una despensa, selva descartada que clama, nuevamente colonizada; pero cuidada, custodiada y defendida hasta la muerte por estos verdaderos mártires de hoy, merecedores del honor de ser modelos de coherencia, humanidad y coraje.
El triple propósito del encuentro era: conocernos, valorarnos y caminar juntos. Fue una delicia escuchar a los indígenas hablar a su manera, y también notar el efecto benéfico que el silencio hace a los misioneros, acostumbrados a enseñar.
Necesitamos como Iglesia estar muy cerca de los pueblos originarios. Creo que esa conexión es inyección de vida y brújula del buen vivir para todos nosotros (Iglesia y pueblos, juntos), y percibo interiormente la fuerte llamada a cuidarla, porque en ella amanece la Palabra para nuestro presente y nuestro futuro.
Así fue como llegué a mi querida diócesis de Mérida-Badajoz, donde continúo, agradecido y orgulloso; y así llegué también a Valencia, de donde siento que sigo formando parte, de alguna manera, veinte años después. Disculpen por hablar de mí. En realidad, lo que ocurrió entonces y todo lo que vino más tarde, es nomás la historia de Dios conmigo, un conjunto de dones que he tratado de recibir y disfrutar lo mejor que he podido.
El Camino es un trasunto de la peripecia existencial de cada uno, y claro, hubo de todo: soledad y encuentro pacífico conmigo mismo, esfuerzo, descubrimiento de paisajes geográficos e interiores, esperanza, conocimiento de otros caminantes, amistad, enfermedad, compañerismo, el gozo de ser ayudado y sostenido, ampollas, retos, humildad; y retazos de Dios por todas partes, sencillo, cercano, entrañable.
Nos contó que les pagan 80 céntimos de sol por cada saco que suben; es decir, ¡unos 21 céntimos de euro! Mis ojos debieron abrirse como platos por el asombro y la indignación. Llevaba toda la tarde del día anterior currando, y le quedaría hasta las 3 de esa tarde, de modo que sería una jornada descargando, en total unos 50 sacos, 40 soles, 10,5 €. Tiene tres hijos a los que alimentar, y no queda otra que entrarle a lo que le salga.
El aswa es mucho más que una bebida, es un lenguaje completo, es el vehículo de expresión de este pueblo, contiene su alma, muestra su condición. Y es algo que depende casi por completo de las mujeres.
La lentitud forma parte de este ritual. Te sientas, se conversa… una warmi se levanta con el pate en la mano (“¡oh Dios mío, ya me va a tocar!”), jolgorio, charla, otra mujer masato en ristre, anécdotas, chistes con más risas. Demora… A veces te juntas con dos pates a la vez, y hasta con tres he visto.
Visitar el colegio significa retroceder en el tiempo a los años 50 o ingresar en la cámara de los horrores educativos. La secundaria es un barracón de madera con techo de hoja, una única estancia enorme separada por toscos y cortos paneles con un pasillo lateral, así que seguro que se oye todo. ¿Cómo podrán dar clases ahí, enterarse de algo y librarse del dolor de cabeza?
Se aprecian también algunas carpetas (pupitres), pero doy fe de que había muchísimos más alumnos de lo que marcan las normas, salones con 50 muchachos, amontonados sobre mesas, los codos topándose, hacinados como anchovetas en lata. Incluso vi a dos adolescentes sentados en la misma silla, medio poto para cada uno, pero me dio roche fotografiarles.
Desde 1953 el Vicariato era el dueño legal de todo el pueblo. Tras una bonita historia de liberación, generosidad y desarrollo, finalmente cada familia tandrá el título de propiedad de su propia casa, la que habita hace decenios.
Era imprescindible también para facilitar la inversión estatal en servicios, que se había visto frenada todo este tiempo y durante años sustituida por la acción de la Iglesia.
Lo cuenta el p. Ángel Almansa, misionero del IEME y párroco de Aucayo.
El Bautismo acá va mucho más allá del aspecto meramente religioso, hunde sus raíces en lo profundo de esta cultura porque es la palanca del compadrazgo: el vínculo sagrado entre familias, el parentesco espiritual cargado de responsabilidades y obligaciones recíprocas bien serias.
Es también el momento para tratar problemas y situaciones de la cruda realidad cotidiana. Son poblaciones pequeñas, casi totalmente abandonadas por el Estado, donde no hay electricidad, ni agua potable, ni saneamientos; con una precaria atención a la salud y escuelas catastróficas. Y además amenazadas por los depredadores de la selva: madereros, mineros, petroleros.
“La desigualdad tiende a perpetuarse hasta la muerte. Un elemento de ello es la brecha de desnutrición que refuerza las brechas en los logros y aprendizajes y éstas marcan la inserción laboral desigual; lo que, a su vez, determina las brechas en el acceso al bienestar durante la vida activa, y marca un acceso desigual a la jubilación. Se afecta todo el ciclo de vida.” (Pilar Arroyo)
Muchas veces en mi vida he experimentado el bien que me hace irme a estar con la gente sencilla, el pueblo menudo. Cuando me he sentido bajo de ánimo, afligido, mustio o desazonado, simplemente mezclarme con las personas, escuchar, mirar, quedarme a su lado, cerca, en sus cosas, me ha espabilado y entonado. No se pueden imaginar el efecto que me causa cada mano que estrecho, cada gesto cordial que reflejo. Desde luego no eliminan el pesar no, pero alivian, suavizan, como un lenitivo amable o una caricia certera.
Un nombramiento intencional y preciso, deliberado sin diseños ni intentos, y exquisitamente acertado. El compromiso con los más pobres, el acompañamiento a los migrantes, la solidaridad, la caridad política, la presencia eficaz en las periferias... constituyen un ámbito de la vida y misión tan crucial que amerita colocar a obispos capacitados y sensibles que asuman el reto. Y Vicente sin duda es un hombre que da el perfil.
Muchas veces me invitó a ir a Burguillos a predicar en el Cristo. Después de la misa nos íbamos a alguna de las terrazas de la plaza a cenar, y para mí era el rato mejor porque disfrutaba viendo cómo le saludaba la gente, y cómo trataba él a todo el mundo. Me quedaba maravillado de la familiaridad con la que se manejaba
Aquellas noches José Mari me dio un máster de cómo se es cura entre la gente del pueblo, auténtico vecino, amigo de todos, cercano, accesible y evangélicamente normal. Pastor con penetrante olor a oveja antes de que Francisco fuera Papa y acuñase esa expresión
A mí, recién llegado a la vida secular y rural, me ayudó enormemente sin saberlo ni pretenderlo, y ojalá ahora le lleguen al cielo mis sinceras gracias
Hay quienes abusan o se aprovechan (así define la RAE el término “vampirizar”) de la categoría de “misionero”, entre comillas, para otros intereses que están lejos del Reino de Dios (cfr. Mc 12, 28b-34); más bien suelen actuar en provecho propio, con diferentes grados de compulsividad e inconsciencia.
Utilizan la misión como una pantalla, se esconden detrás de ella para llenar vacíos personales y tapar desórdenes afectivos, inconsistencias y desajustes... Y es que “Corruptio optimi pessima”
Habría que detectar a quienes pervierten y tuercen el sentido de algo tan sagrado como la misión, y acompañar procesos de clarificación de las motivaciones, así como ajustar mecanismos de selección de aspirantes a misioneros y misioneras... sin comillas
Al fondo, a unos metros, hay una especie de templete abierto. Sencillo pero muy bien concebido, con sillas y una primorosa ornamentación vegetal; en el centro, una urna de cristal con una imagen de la Virgen de Fátima. Y habitualmente alguien orando. De modo que era eso, esa la presencia que llama, ese es el meollo de ternura que palpita en las entretelas de la ciudad.
El párroco Valeriano Domínguez Toro dice que todo el día está llegando gente, y doy fe. Impacta que tantos hagan una pausa en su jornada para encontrarse con la Madre y así disfrutar de un abrazo interior que va más allá del sosiego. Es una cuestión de amor puro.
Fue muy bello el gesto de la señal de la cruz, que un niño, un joven y un adulto nos marcaron a los sacerdotes sobre la frente; recordándonos así que somos consagrados como servidores del pueblo, del que formamos parte por el Bautismo, y en el que no somos más que nadie. A mí me tocó Mayra, que tiene 11 años, y con su media sonrisa se acercó para profundizar de ternura el distintivo invisible de mi vida.
Sé vivió un espacio de encuentro fraterno, de conocernos, de escucharnos y diálogos que nos lleven a vislumbrar caminos, un tiempo de gracia, de orar juntas y caminar en el Espíritu como nos invita el sínodo de la sinodalidad.
Me admiró especialmente su labor social. Les llegan alimentos a punto de caducar de supermercados cercanos y, con ayuda de amigos, los entregan diariamente a los necesitados. “Muchas personas tocan esa puerta cada día” – me dicen, y ellas responden con solidaridad y ternura. Se les nota sensibles a la situación del país, en sintonía con los más pobres…
Pero el más bello impacto que recibí fue su alegría. “Elige ser feliz” se lee en un edificio contiguo, y siento que estas mujeres los son. Lo percibo en sus rostros, en sus gestos, en sus miradas, en el carácter de su plegaria. Su casa es un remanso de alegría en este mundo convulso y violento. Gracias hermanas agustinas por existir y por ser como son. Recuerden que están invitadas al Vicariato, que acá necesitamos misioneras auténticas.