Le hablamos a jesús en murui o en kichwa, y descubrimos que son también sus idiomas. Él está acá desde siempre.
La danza es la manera regional de veneración. Sonaron músicas tradicionales, sacamos el pañuelo y comenzamos a danzar, adorando el cuerpo Jesús Eucaristía con nuestros cuerpos.
los alimentos de nuestra tierra nos juntan con los antepasados, con los espíritus del bosque, nos unen a Jesús hecho alimento para nutrirnos y darnos Vida. La torta de kasabe se va partiendo como se parte el pan, los vasos de kawana van pasando y nos refrescan.
A cada vuelta del río este pueblo sencillo te entrega su sonrisa, y es una transfusión de optimismo, un mirar a los ojos a la vida para agradecer y compartir tanto don.
Nunca puedes estar preparado para esas dosis colmadas de gracia. Cada vez que he escrito belleza podía haber usado mayúsculas: Belleza, Hermosura, Bien, Gracia, Realidad... Es Ella, que en cada instante se acerca a nosotros y, cuando estamos atentos, se desvela y entrega espléndida.
Palpitaba en la atmósfera el deseo acuciante de estar juntos, de volvernos a abrazar, de sentirnos familia, y eso dejó sentir desde el minuto cero un enorme y radiante sentimiento de alegría. La sinodalidad como energía envolvió al grupo, recorrió la maloka y nos conectó entre nosotros y con la Fuente, con suavidad y firmeza.
Allí estábamos todos, de nuevo, misioneros y delegados de los dieciséis puestos de misión del territorio, laicos, sacerdotes, indígenas, religiosas, obispo, ribereños, trabajadores de la oficina, niños, visitantes, profesores… Fue un privilegio modelar juntos “el propósito” del Vicariato: su misión, visión y valores. Dialogar qué somos y qué queremos con la música de fondo del Sínodo y la pedagogía de Francisco en Querida Amazonía.
En las segundas partes, es decir, las mismas anécdotas pero en versión “sinodal”, los sacerdotes eran más acogedores y simpáticos, pero todo giraba igualmente en torno a ellos; los sketches supuestamente sinodales eran en realidad igual de clericales que los primeros, solo que con “buenas vibras”.
Un padrecito autóctono explicó que acá este tema se agrava porque conecta con el respeto reverencial que culturalmente se profesa hacia la autoridad, y peor la sagrada. Formatear el clericalismo de nuestro disco duro requiere buen humor y esperanza.
A pesar de la distancia física, cultural, étnica, climática, en la Amazonía nos sentimos hermanos de los ucranianos y les enviamos toda nuestra fuerza y solidaridad.
Al subir a la embarcación te adentras en un caos donde todo acaba encontrando su lugar. Mercancías de toda clase: calaminas, jabas de pollos, balones de gas, cajas de verduras, mochilas, chalecos salvavidas que nadie se pone, sacos de cemento, bloques de hielo, paquetes de gaseosa, maletas y bolsos… se ubican en el techo de la nave pero también por entre los pasajeros, como completando el tetris.
Iquitos, con más de medio millón de habitantes, es la capital de la selva peruana; una especie de tumor que le ha salido a esta parte de la Amazonía inmensa y escasamente poblada. Una ciudad paradójica, a la vez cosmopolita y provinciana, que arrastra un pasado ligado al genocidio del caucho, cuyo reverso fue su prosperidad postiza y decrépita, que ostenta hasta hoy.
Era un paso necesario. Lo discerní bien, con sinceridad y libertad, dedicándole varios días y consultando con prudencia a algunas personas. Creo que, considerados todos los elementos y vista en conjunto la situación del Vicariato (personas, momento, problemática…), a pesar de que somos pocos presbíteros, y aunque no sea lo que más me apetezca, esto es lo que Dios me pide: que me entregue a tiempo completo a la tarea de vicario general.
Estábamos en problemas y serios. Menos mal nuestra gente bella de la selva, siempre con la sonrisa puesta, siempre generosos. No me acabo de enterar de que por acá es mejor no hacerse programaciones muy ajustadas; pero Diosito siempre está ahí para regalarnos oportunos cachuelos.
No es un golpe súbito y devastador como la ola de un tsunami, no. El río trabaja despacio, sin cansarse nunca. Una furia lenta y a la vez implacable, que me recuerda al descenso de la colada de lava en la isla de La Palma. Una destrucción en super slow motion que, curiosamente, siempre sobresalta y sorprende, a pesar de que la amenaza del río está ahí, inamovible como el volcán.
Un tercio de las casas del pueblo fueron afectadas; entre ellas la de los misioneros, que han corrido la misma suerte del pueblo. Se quedan y lucharán para que el Napo no resquebraje las esperanzas de la gente.
Hay que redactar el proyecto, buscar proformas y cotizaciones, rellenar formularios, recabar datos, tomar imágenes… Luego están las inevitables molestias que acompañan a las obras: ruido (con la motosierra machacando a todas horas), la casa llena de materiales de construcción, suciedad por todas partes… Y cuando concluye una fase, o se gasta una ayuda, toca rendir cuentas: de nuevo a redactar informe narrativo, descripción, fotos, histórico, etc. Una chamba tan inmensa como necesaria si se quiere lograr algo.
Al personal se le iluminaron los ojos, nos mudamos de sala para proyectar documentos y ahí comenzó el torbellino de ideas, debates, propuestas y ensayos que nos hizo perder la noción de la hora. Entramos en una especie de trance, como si hubiéramos tomado ayahuasca pastoral, escribíamos en la pizarra, borrábamos, discutíamos, poníamos ejemplos… Algo diferente se estaba gestando, no había cansancio ni hambre, nos hacía vibrar la sensación de que es posible cambiar, podemos surcar otras quebradas pastorales y organizativas para lograr experiencias y frutos más amazónicos.
Necesitaba urgentemente hacer mi propio retiro: discernimiento y pensar reformas de vida. Las camilas me han ayudado sin saberlo, únicamente siendo como son. En los momentos de puntos creo que hemos conectado, se han reído botando porcentajes de su solemnidad... Pero las entrevistas personales han sido como las partituras por donde mi interior se ha ido armonizando. Gracias por mostrarme la belleza de seguir a Jesús con autenticidad y por facilitarme disponer mi corazón, ajustar mi mente y afinar mi vida.
Para promover un ambiente positivo en la oficina, las buenas relaciones, la ayuda mutua y que se vaya formando un verdadero equipo, es clave tratarse más allá del escenario de trabajo.
Fue una jornada de dinámicas y risas, y también de momentos de convivencia espontánea excelentes para conocerse: un partido de vóley en el gras, un chapuzón en la piscina, competir en los juegos de mesa… no hay nada como divertirse juntos para conectar, qué bien nos hizo.
Los misioneros, que por definición somos itinerantes y no echamos raíces, podemos dar a veces la impresión de ser duros, afectivamente cautelosos, como soldados concentrados en su deber. Creo que es solo una pose para protegernos de cuánto implicamos nuestro corazón en las personas y los grupos humanos con quienes vivimos y caminamos. Como cualquiera, necesitamos sentirnos reconocidos, aceptados, valorados y amados.
En Manatí I zona nos esperaban casi 40 bautizandos entre niños, jóvenes y algún adulto, así que dividimos el asunto en dos sesiones, el pase de la mañana y el pase de la tarde. Qué manera de disfrutar con la gente, cuánto extraño salir por ahí y mezclarme con ellos, sin apuros y sin artificios.
Un momento histórico: el cuarto presbítero nacido en estas tierras que se ordena en los 75 años de historia del Vicariato San José del Amazonas y un terremoto de 7.5 de magnitud. A la vez, un tremendo susto y una gran alegría.
Siempre he contado que en la muerte se ven muchas cosas, se aprende mucho de las familias, de los pueblos y de la vida. Pero lo que vi el hace poco superó cualquier expectativa o registro previo. Mi capacidad de asombro y admiración por nuestra gente de la selva no tiene límite, y eso me enorgullece aunque no tenga mérito. Si la muerte puede aparecer hermosa, fue aquel día.
Cuánto echábamos de menos reunirnos los misioneros, y vaya si lo hemos disfrutado. Se trataba de escucharnos, hablarnos, compartir y gozar gratuitamente de la mutua compañía. Contarnos cómo hemos vivido este tiempo tan duro de pandemia, aislados, con miedo pero sin abandonar a nuestra gente, más bien promoviendo ayudas, campañas y gestando solidaridad