A mí me gusta que el papa Francisco, hace 8 años, pocos minutos después de haber sido elegido, nos haya saludado así cuando se asomó al balcón de la basílica de San Pedro por primera vez: - “Buona sera” “Buenas tardes”. Les voy a decir por qué, se trata de una vieja anécdota de mi biografía.
Lo profano y lo sagrado. Que discusión tan vieja en la Iglesia y siempre tentados de echarnos para atrás
Y Dios encarnado nunca se escandalizó de lo profano y lo profano dejó de serlo, lo profano se volvió sagrado, todo se mostró bendito
“Entonces, Francisco, «Salve, buona sera», “«hola, buenas tardes»”. Gracias por seguir saludándonos así y que Dios te dejé muchos años más. ¡No nos olvidamos de rezar por ti!
Sí, esos muchachos y muchachas a los que escuchaba hablar en la montaña, con el alma pegada al mundo, apasionados por la realidad, me dicen que algo tiene que cambiar en nuestra forma de comunicarnos en la Iglesia, en las homilías, en los documentos, en los coloquios de rutina.
Si no amamos, no podemos hablar, así digamos la verdad.
Me he encontrado ya varios “calvarios”, esas cruces, casi siempre adornadas de flores y piedras, que recuerdan los que han muerto en esos lugares, muchos de ellos asesinados.
Entre todos, me llamó la atención uno en el que estaba escrito “Era un niño”, y que mostraba también, ajada por el tiempo, la fotografía borrosa de un equipo de futbol de muchachos adolescentes: uno de esos jugadores, sonrientes y con ganas de conquistar la copa mundo, debía ser el muerto.
El cristiano sabe, y esto porque cree la buena nueva de las decisiones tomadas por Dios en la encarnación y en la eucaristía, que la única forma de respetar a Dios es respetar la vida.
Discernir, antes de recibir el pan eucarístico, no tiene que ver con escrúpulos de consciencia y con pureza ritual, tiene que ver sí con caridad, es decir con cuidado por los otros.
Estoy de regreso a mi país, Colombia, después de casi 20 años de misión en Kenia. Al terminar esta etapa de mi vida lo que aflora en mi corazón es gratitud. ¡Gracias, Kenia!
Un misionero es rico de la gente que lleva dentro, cada encuentro es su mejor negocio, cada oportunidad de dar y recibir es ganancia, todo es humanidad.
Estoy feliz de que mi biografía, así simple, anónima y escueta como es, se haya vuelto trama para la urdimbre de tantas personas.
Doy gracias, y ahora vuelvo a lo otro mío y a los otros míos, a acostumbrarme a lo que tiempo atrás tenía por familiar y a no dejar morir la alegría y la buena noticia que recibí de mi familia keniana.
Ahora que estamos implementando los acuerdos de paz en nuestro país, Colombia, creo oportuno hablarles de un proceso de reconciliación que tuvo lugar hace ya muchos años por estos lados de Kenia.
Llega la navidad y el 2021 está llamando a la puerta, todavía podemos darle oportunidades a la paz.
Entre las historias que narran la guerra colombiana, me impresiona mucho la de Minelia, “la loquita de Bojayá”.
En la cabeza de esta mujer negra, que a juicio de muchos le faltaba un tornillo, intuyo que razona “la mente de Cristo”.
Minelia sobrevivió al horror y cuando muchos de sus paisanos pudieron salir todavía en el cruce de disparos y estruendos, ella optó por quedarse con los heridos que no se podían mover y con un montón de cuerpos desmembrados.
Cristo, y así se ve en Minelia y en los pequeños, razona dando la vida. Tal vez necesitemos un grado o muchos de locura para que en la Iglesia toda razonemos así.
Minelia también se tomó el trabajo de recoger las partes dispersas de los cuerpos desmembrados, y poner cada una al lado del que creía era el cuerpo que le correspondía”.
Minelia, más cuerda que cualquiera, tan loca como la Iglesia de la pascua,
La Eucaristía, despedida del “bendito Bosco” fue fiesta para todos, cristianos y no cristianos, hijos e hijas de Dios. Si la Iglesia está de verdad presente, el Resucitado en medio de la comunidad, nadie puede morir solo y sin la vida que no muere
"Gracias a Dios un hermano así. Gracias a Dios un obispo así. El aliento de gente así empuja las velas de esta barca que es la Iglesia"
"El Obispo Antonio se metió en la Colombia profunda, navegó los grandes ríos del Guainía, vivió una vida simple al lado de los indígenas y campesinos de su jurisdicción, se preocupó de la educación y de promoción de los más pobres"
"Una artesana que saca de la materia la belleza que se esconde en todo, un albañil que construye la ciudad, un músico que crea de las notas armonía, un empleado que a punta de escoba y trapero no se cansa de limpiar y hacer brillar, un astronauta que dilata el cosmos en sus viajes arriesgados de agujeros negros, uno que sin letras y títulos es experto en humanidad, una médica que toca los sufridos y desafía la muerte, un deportista que electriza un estadio, una investigadora que revela los secretos desde siempre escondidos, una maestra que suscita sabiduría, un mentor que inspira a los que empiezan, papás y mamás que dan vida, amantes que desafían las arrugas del tiempo"
"Un sacerdocio que aprieta diferencias en un abrazo"