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Una enorme grúa marca la recta final para la elevación de la torre de Jesucristo
(flama).- Ver la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona con grúas a su alrededor es una imagen habitual para los vecinos de las viviendas que la encajonan en el centro de la ciudad. Pero desde finales de mayo, una nueva ha alcanzado por primera vez en su historia los 200 metros de altura para poder edificarse la torre de Jesucristo, evidenciando el principio de su final.
Se trata de la más alta del templo, llegará a los 172,50 metros, y estará coronada por una cruz de cuatro brazos que medirá 17 metros de altura y 13,50 metros de ancho. La macrogrua que la permitirá construir supera la altura de la montaña de Montjuïc -de un total de 177,72 metros-, aunque el templo no lo hará, ya que Antoni Gaudí no quiso que una obra hecha por el hombre superase nunca aquella realizada por Dios.
"Siempre he visto grúas desde que vivo delante". Es lo que explica Laura Vázquez (Barcelona, 1978), vecina de un edificio situado en la controvertida calle Mallorca, donde la fachada de la Glòria está previsto que sea la entrada principal del recinto atravesando una escalinata.
“A mí no me afectará [por pocos metros de distancia], pero hay vecinos que se verán bastante afectados”, mantiene Vázquez antes de añadir que los propietarios que deberían dejar sus casas a cambio del deseo arquitectónico de Gaudí ya sabían lo que acabarían encontrando cuando fueron a vivir. "Pero se creía que ese momento tardaría mucho tiempo en llegar", sostiene. De momento, uno de los principales quebraderos de cabeza del templo, como afirma esta vecina, es el polvo que se hace.
Desde hace cinco años, Marc Unyó (Barcelona, 1985) accede unas diez veces al año a las torres de la Sagrada Família. Suele hacerlo en horario nocturno. Es escalador profesional desde 2013 y, con el resto de trabajadores de su empresa, 360 Vertikal Network, se encarga de revisar las decenas de puntos de anclaje de que dispone el templo, así como de montar las vías artificiales para que quienes suban hasta allí puedan realizar los trabajos pertinentes, como en las torres de las fachadas de la Pasión y del Nacimiento.
En cuanto a esta última, hecha mientras el arquitecto todavía vivía, Unyó destaca el estilo diferente de piedra que, al haber trabajado a escasos centímetros, ha podido comprobar con detenimiento: “Emociona mucho poder tocar una parte de la construcción hecha por Gaudí y sus trabajadores“, admite.
“Cada vez que ha habido que subir, he pasado entre seis y ocho horas allá arriba, y la experiencia es indescriptible”, reconoce este profesional de los trabajos en altura. Como el resto de los trabajadores de la Sagrada Familia, se considera un privilegiado “por tener unas vistas únicas de la basílica” y por tocar con sus manos unas construcciones artísticas que no suelen poder ser tocadas por nadie: “Poder verte allá arriba, mimando la obra de arte más importante de la ciudad, hace que se sienta el alma que tiene”, concluye. Es el latido de una basílica que encara la recta final de su construcción.
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