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Cristianismo y Justicia advierte del riesgo de normalizar una situación de recorte de derechos
Cristianismo y Justicia publica hoy su declaración de fin de año. Más que ofrecer una reflexión sobre qué ha pasado este año, esta vez el centro ha querido resignificar los lemas que nos han acompañado a lo largo de los últimos 10 meses, marcados por la pandemia de la Covid-10. Lemas largamente repetidos como el todo irá bien, el yomequedoencasa o la nueva normalidad, entre otros, que es necesario revisar con serenidad y espíritu crítico para llegar a ser conscientes de lo que realmente queremos decir.
Sobre la tan esperada pero poco concreta nueva normalidad, por ejemplo, el centro afirma que “debe implicar una apuesta por un modelo radicalmente sostenible desde un punto de vista tanto social como ecológico”, porque no podemos aspirar a regresar a la situación anterior a la pandemia. Si no hay un replanteamiento de fondo, dice el texto, estamos consagrando una vez más una situación insostenible e inhumana.
También señala que el cuidémonos que tanto nos hemos repetido los unos a los otros últimamente, debe ser “más grande y más inclusivo”, y “abrazar especialmente a aquellas personas que no tienen a nadie que las cuide”. Para Cristianismo y Justicia, este cuidémonos debe convertirse en un imperativo político que nos obliga a cuestionar a qué dedicamos el tiempo, qué uso hacemos del dinero y de la la propiedad privada, y qué opciones políticas defendemos, porque debe convertirse en una forma de entender la vida.
A lo largo de toda la declaración se advierte del riesgo de interiorizar o aceptar acríticamente un lenguaje que lleve a normalizar una situación de recorte de derechos. El hashtag yomequedoencasa ha sido una apelación a la responsabilidad individual necesaria para contener la transmisión del virus, pero ante la cual debemos estar alerta porque “el imperativo de quedarse en casa refuerza una de las tendencia más peligrosas para nuestras sociedades. (...) Es el sueño distópico de cualquier sistema autoritario”. Por este motivo, esta estrategia de distancia social no debería ser normalizada sino vista como una profunda anomalía. Y sobretodo, recuerda el texto, debe llevar a reivindicar los derechos de tantas personas que siguen sin techo o en viviendas inseguras.
Para Cristianismo y Justicia es necesario abandonar el optimismo acrítico del todo irá bien para reconocer con humildad que no todo irá bien, porque será necesario cargar con todas la realidades de sufrimiento que ha generado esta pandemia: las personas que han fallecido, el drama que se ha vivido en las residencias de personas mayores, las personas que han quedado bajo el umbral de la pobreza y el aumento de las desigualdades, por ejemplo.
El centro también lamenta el lenguaje y el imaginario bélico que, al decretarse la pandemia, se apropió del relato público, refiriéndose a la guerra contra el virus y a los ejércitos que combaten al enemigo. En su reflexión de final de año, Cristianismo y Justicia recuerda que la manera de afrontar una epidemia no es con un lenguaje que convoque al combate sino a construir alternativas desde la atención, la presencia, el acompañamiento, el consuelo y la resiliencia.
Justamente esta reflexión llega después de meses en los que Cristianismo y Justicia ha estado abordando los grandes interrogantes y problemáticas que la pandemia ha puesto sobre la mesa a través de buena parte de los artículos publicados en el blog del centro por diversos autores. Son cuestiones que requieren toda la atención porque han trastocado nuestra vida y han cuestionado el sistema productivo y reproductivo hegemónico.
Por este motivo, el centro ha querido recoger estos artículos en un libro que se acaba de publicar con el título Diario de una pandemia.
Su lectura nos orienta en una dirección, que tiene como punto de partida asumir la vulnerabilidad, la incertidumbre y la interdependencia como ejes vertebradores para poder plantear cualquier alternativa. Todo esto solo es posible si ponemos el acento y la mirada en aquellos colectivos menospreciados y vulnerabilizados por el sistema -neoliberal, patriarcal, neocolonial- y si hacemos nuestra aquella reivindicación ya histórica del ecofeminismo: es imprescindible poner la vida en el centro, tanto en la reflexión como en la acción política.
Descargar aquí la reflexión fin de año
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