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Su elegante estilo marcó la pauta de la plástica virreinal de finales del siglo XVI
(Vatican News).- Patriarca de una gran dinastía de grandes pintores, Baltasar de Echave Orio, conocido como “El Viejo”, dedicó toda su obra al tema religioso bajo un estilo conocido como “Manierista”, a cuya pauta se magnifican las escenas para provocar mayor impacto emocional.
Así, una de sus obras describe el martirio de los santos Ponciano y Aproniano. El primero aparece con el torso desnudo al que acechan con teas encendidas, en tanto sus manos atadas se levantan al cielo. En el segundo, se ubica el mártir atado a un madero al momento en que se le amenaza con un sable, mientras el Hijo del Padre, en la altura, abre los brazos para recibirlo acompañado de un grupo de ángeles.
Otro de los lienzos del jurista español emigrado a la Nueva España en 1573, cuya vocación por la pintura nació bajo la influencia y capacitación de su suegro, Francisco de Gandes, presenta a Jesucristo solitario en el Monte de los Olivos, apoyando sus manos entrelazadas en el tronco de un árbol muerto, y elevando los ojos al cielo donde aparece un ángel llevando en su mano izquierda un cáliz, símbolo del martirio que aguarda al Nazareno.
La obra más conocida del maestro que combinaba su trabajo artístico con el de oidor de la Real Audiencia de México, muestra la escena de la adoración de los reyes de oriente al recién nacido Niño Jesús, Cobijada la Sagrada Familia por un rustico portal con techo de paja.
El cuadro, realizado a encargo de la Compañía de Jesús, se conserva en la pequeña pinacoteca de la Iglesia de La Profesa de la Ciudad de México, anexa en su momento al seminario de la orden fundada por San Ignacio de Loyola.
Destaca también el lienzo denominado “Porciúncula”, a cuyo pequeño oratorio construido por San Francisco de Asís a título de capilla de Santa María de los Ángeles, aparece el fundador de la Orden de Frailes Menores posado de rodillas frente a Jesús y la Virgen María.
Raíz de un árbol fecundo, en el taller de Baltasar de Echave Orio se forjaron a su magisterio su hijo Baltazar, “el de los azules”, además de Luis Juárez. Su elegante estilo marcó la pauta de la plástica virreinal de finales del siglo XVI, viva hasta la primera mitad del siglo XVII.
En sus primeros pasos en el arte De Echave dejaría inconcluso un retablo de la Catedral de Puebla, aunque más tarde su obra se plasmaría en este tipo de alegorías al interior de los templos, haciendo gala de su portentosa imaginación. Así, en 1609 produciría 14 cuadros para la iglesia franciscana de Tlatelolco, cuyas escenas, emotivas y delicadas, sólo existieron en su mente.
Lamentablemente la mayoría de sus pinturas fueron creadas sobre madera, lo que las expuso a un rápido deterioro.
Epicentro de una escuela clásica.
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