Este martes, con la presencia de Emilce Cuda
Iberoamérica y China. Historia, retos y desafíos, a debate en la Complutense
El documental de Gianfranco Rosi se estrena en los cines españoles el 17 de marzo
Que con la crisis de espectadores y cierre de cines que hay se sigan estrenando películas con el papa Francisco de protagonista no deja de ser sorprendente. Más todavía si no se hace con afán proselitista, de convertir, reforzar o reconfortar en tiempos de increencia. Ni con apenas material novedoso (el director ha espigado en más de 500 horas de grabaciones cedidas por el Vaticano). Donde tan solo en una ocasión hay alguien que provoca una reflexión de Francisco, porque todo lo demás es solo Francisco y Francisco a solas, a pesar de la multitud que siempre le rodea, sintiendo casi sus pensamientos y oraciones.
Con estas premisas tampoco sorprende que, en el pase de prensa, alguien se levante y abandone la proyección a los veinte minutos. Si ha interiorizado parte de la literatura propagandística que ha precedido el estreno en otros países de In Viaggio ("El documental que ofrece un acceso sin precedentes a la vida del Papa") casi se puede comprender que los planos de Francisco en el papamóvil que posibilitan prácticamente la misma visión que tiene él durante el trayecto, no justifican ni el metraje ni la inversión para la distribución o el marketing. ¿Entonces? Tiene que haber algo más...
Ese algo más -si el espectador le da tiempo- es lo que descubrió el propio director Gianfranco Rosi cuando, rodando otras películas, se cruzó en sus viajes con los del propio Bergoglio: no es tanto que se tenga un acceso 'sin precedentes' a la vida del Papa cuanto que, a través de la vida y viajes del Papa, se tiene un acceso a vidas que no importan lo más mínimo, vidas rotas, clausuradas, fallidas, vidas que no nos tomamos la mínima molestia de mirar... Y Francisco nos las enseña. Las busca allá por dónde va para levantarlas y abonarlas con la dignidad robada. Y esa es la auténtica joya que ha sabido poner en valor un director como Rosi, él mismo comprometido con los derechos humanos y con una mirada reconocida con premios tan prestigiosos como el Oso de Berlín o el Léon de Oro de Venecia, festival este último en el que también ha presentado In Viaggio.
Hay un catolicismo al que no le gustará este documental. Se ha dicho antes. Pero podrá gustar a quienes, sin fe, lo miren también sin prejuicios. No busca sacar brillo a la cruz en estos tiempos de espadachines. Porque la cruz que aparece en este documental de 80 minutos es la de la esperanza desesperada a la que se agarran los que se están hundiendo, los que bracean en medio de la noche, los que no cuentan para casi nadie, aquellos que, tras su último grito de auxilio en medio del naufragio, se les deja de escuchar...
Rosi agarra las horas de los casi 50 viajes de Bergoglio en estos diez años y compone un manual de compasión para una sociedad abotargada por la indiferencia, para aquellos que, aun no teniendo fe, puedan seguir creyendo en el ser humano, y lo hace por medio de "un hombre de buena voluntad". Lejos el afán panegirístico. Se apela al interior de cada uno, esté habitado por dios o por la nada, por la duda o la indiferencia.
El documental (distribuido por Karma Films), supone una tentativa de poner en valor lo que casi nadie está dispuesto a ver: la dignidad del ser humano, la profunda interconexión entre los pueblos en un planeta que sufre también la ceguera de quienes manejan unos resortes marcados únicamente por el interés de una selecta minoría. Y lo hace apoyando las imágenes sueltas, inconexas de estos diez los de pontificado, con las palabras de Francisco, o también con sus silencios, con poderosas secuencias que hablan por sí solas.
No hay sensiblería en el metraje. Hay, eso sí, una insistencia en traer al primer plano la dignidad de cada persona, de cada pueblo, de cada religión. En este sentido, no son casuales las imágenes con políticos o religiosos donde el silencio no conmueve, sino que chirría. Y tampoco oculta el director aquellos momentos en los que el propio silencio de la Iglesia era vergonzoso en el caso de los abusos sexuales y no esconde a aquel Francisco que cometió, en Chile, uno de sus grandes errores de apreciación al respecto.
Rosi deja entrever en el documental que a quien ha decidido seguir en sus viajes es a un líder moral en un mundo a la deriva, que cierra fronteras y oídos al clamor de los pobres; es la figura errante y renqueante de un anciano que apenas logra disimular la emoción que le anuda la garganta cuando habla ante los rostros de los últimos, cuando se deja acariciar por las lágrimas de los fieles filipinos que mantienen su esperanza a prueba del tifón que les azota en plena visita papal, cuando mira a un mar brillante ahora convertido en cementerio de inocentes...
Es la consagración de la fe de la esperanza y la fraternidad humana, más allá de las religiones, porque en el documental no hay más intención de convertir que a la fraternidad, aunque esa parece que solo se encuentre en la estación orbital, con la que conecta también el Papa y desde donde le dicen que no se ven las fronteras, pero sí se aprecia la necesidad de cuidado de la Creación al vislumbrar la fina línea de la atmósfera protectora. El manto que nos cuida.
También te puede interesar
Este martes, con la presencia de Emilce Cuda
Iberoamérica y China. Historia, retos y desafíos, a debate en la Complutense
Más de 250 personas aplauden la representación histórica en el corazón de la Ciudad Eterna
El Misteri de la Selva emociona en Roma: “La basílica de Santa María sopra Minerva nos lo ha puesto muy fácil”
La ceremonia de entrega se celebrará el martes 30 de septiembre en la Casina Pío IV
Ya se conocen los ganadores de los premios 'Razón Abierta' de la Fundación Ratzinger-Benedicto XVI
La Doctrina social de la Iglesia frente a la desigualdad habitacional
El sagrado derecho a la vivienda
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma