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Las secuelas del éxodo religioso de la Revolución continúan visibles
Una veintena de fieles se reúne en la capilla del Arzobispado de Santiago de Cuba. Como es habitual, preside la misa monseñor Dionisio García Ibáñez. En esta ocasión el prelado quiere dedicar un recuerdo a las víctimas de la persecución religiosa contra la Iglesia católica durante el siglo XIX en Corea, un centenar de las cuales fueron canonizadas en 1984. Son las ocho de la mañana de un viernes de finales de septiembre en la segunda ciudad más importante de Cuba, situada en la región oriental de la isla. Es un día más en la vida eclesial de un país en donde el catolicismo trabaja para mantener su presencia a pesar de la falta de sacerdotes y la poca receptividad del gobierno revolucionario en cuanto a cuestiones religiosas.
Para garantizar la presencia sistemática que, no pese a las dificultades, ha conseguido alcanzar la Iglesia, los laicos juegan un papel de suma importancia en Cuba, donde desarrollan un gran número de tareas pastorales. "Los laicos dinamizamos mucho la Iglesia y tenemos ministerios laicales bien precisos y organizados: ministros de la comunión, de la palabra, animadores de las comunidades, catequistas de niños, de jóvenes, de adultos", destaca Mirtha Clavería, directora de la revista Viña Joven, editada desde el Centro Cultural y de Animación Misionera San Antonio María Claret, en Santiago de Cuba.
La escasez general de curas católicos es una realidad que también afecta a Cuba. En este caso, sin embargo, en la isla este fenómeno tiene un origen que para Mirtha Clavería es claro: los cincuenta años de silencio religioso y el ateísmo institucional del gobierno. "Durante los inicios de la Revolución hubo una etapa complicada en la que, si bien no hubo 'derrame de santo', la Revolución declaró personas non gratas a todos aquellos y aquellas que estaban en contra del gobierno. Entonces se produjo un éxodo importante de monjas y sacerdotes, tanto los diocesanos como los de las congregaciones. Las escuelas católicas fueron intervenidas. Fue una etapa muy dura, de enfrentamientos serios y profundos que provocaron un ateísmo institucional. La enseñanza religiosa, que hasta entonces se llevaba a cabo en las escuelas con toda normalidad, quedó constreñida al ámbito doméstico. Quienes confesaban su fe religiosa tenían muchas opciones de no estudiar en la universidad, además de sentir una presión angustiosa", recuerda Clavería.
"Quienes confesaban su fe religiosa tenían muchas opciones de no estudiar en la universidad, además de sentir una presión angustiosa", recuerda Clavería
Si bien la Iglesia católica había tenido una fuerte influencia en todos los ámbitos de la vida en Cuba desde que esta se convirtió en colonia española, la llegada al poder, en 1959, de Fidel Castro y el gobierno de la Revolución supuso un antes y un después en la relación entre aquella y el Estado. Los primeros años de la década de 1960 fueron los de la marginación de los religiosos. Tal y como afirmaba la escritora y periodista cubana-nicaragüense María López Vigil en un artículo en la revista Envío, quienes se quedaron en la isla vivieron un calvario. Si bien la Revolución destacó en sus inicios por un pensamiento audaz en muchos ámbitos, en el aspecto religioso, paradójicamente, se mostró francamente torpe. "La religión —aseguraba López Vigil— fue oficial y extraordinariamente considerada una lacra, un anacronismo oscurantista que debía superarse".
En cualquier caso, el pueblo cubano se ha manifestado siempre más religioso de lo que el gobierno de la Revolución ha estado dispuesto a reconocer. Y en las últimas décadas, cambios discretos en la legislación y las visitas de los tres últimos papas han contribuido en buena medida a normalizar las relaciones entre el gobierno de la isla y la Iglesia católica, que es, a pesar de la variedad de creencias, la principal institución religiosa en Cuba.
En 1992 tuvo lugar la conmemoración del Medio milenio y en toda América Latina hubo graves enfrentamientos. A pesar de que eufemísticamente el festejo se llamó 'encuentro mutuo de las culturas', hubo gente que no aceptó la celebración de lo que consideraban que había sido una conquista. "En aquella ocasión, Cuba se manifestó más temperada que otros países y conmemoró la efeméride. El mismo año comenzaron a aparecer las primeras manifestaciones de religiosidad popular católica; una de ellas, la peregrinación de la cruz, fue precisamente para conmemorar el Medio milenio", detalla Clavería. Aquellas primeras expresiones colectivas se produjeron, no en vano, después de la reforma, también durante el 1992, de la Constitución de 1976, de la que se eliminaron las expresiones que comprometían el estado con el ateísmo.
La visita de Juan Pablo II en 1998 —como es sabido, posteriormente han viajado a la isla Benedicto XVI y Francisco— fue un evento histórico que en Cuba se vivió con una gran expectación y una cierta desconfianza temerosa. "En las esferas del Partido [Partido Comunista de Cuba] había mucho miedo por lo que podría pasar a raíz de la llegada del Papa. Incluso en uno de sus discursos Fidel dijo: 'no se preocupen que aquí no pasará nada'. Y, efectivamente, todo siguió igual. Lo que cambió, sin embargo, es que las cosas mejoraron para la Iglesia. La visita del papa Juan Pablo II fue un punto de giro para que significó la apertura de puertas que hasta ese momento eran impensables. Entre otras cosas, su llegada significó la apertura de la zona de misión rural ", explica.
"Entonces, los claretianos nos adjudicaron un territorio (Segundo Frente) que era cien por ciento ateo. Fue difícil, porque la gente allí nos miraba con recelo. No nos quisieron abrir las puertas hasta que se dieron cuenta que éramos personas decentes. Afortunadamente, poco a poco logramos una buena comunicación. Había la creencia errónea de que los misioneros íbamos a hacer contrarrevolución. Sin embargo, en la actualidad ya está claro que la contrarrevolución es una cosa y la fe religiosa, independientemente de su denominación, es otra ", asegura, tajante, Clavería.
Hay varias religiones en Cuba con denominación cristiana. Además del catolicismo, hay, entre otras, las religiones ortodoxas, establecidas sobre todo en La Habana, donde los ortodoxos rusos y griegos ya tienen sus templos. A pesar de que la Iglesia católica es, en cierto modo, una más y no se puede decir que sea mayoritaria, en las últimas décadas ha ido recuperando poco a poco una creciente influencia y autoridad moral en la isla.
El cardenal Jaime Ortega Alamino, fallecido el 26 de julio de este año, fue una figura clave en este sentido. Su implicación en problemáticas tan complejas como la liberación de los presos políticos, la reunificación de familias cubanas y la cuestión de la pena de muerte en la isla, entre otros méritos, le valieron el respeto y el reconocimiento por parte del pueblo, la Iglesia y el gobierno cubano. No en vano, Ortega, que fue arzobispo de La Habana durante casi cuatro décadas, será recordado por el hecho que en 2014 fue el principal mediador —a instancias del papa Francisco— entre Barack Obama y Raúl Castro cuando ambas administraciones restablecieron sus relaciones.
Otro miembro de la jerarquía eclesial que ha destacado por su contribución a la mejora de las relaciones entre la Iglesia y el Estado es sin duda el arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibañez. Nacido en la provincia de Guantánamo, García Ibáñez fue presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba entre 2009 y 2015 y participó, junto con Jaime Ortega, en las negociaciones con Raúl Castro para la liberación de los presos políticos del año 2010. "Además de transmitir la palabra de Dios y ayudar al pueblo en sus necesidades, la Iglesia cubana siempre ha querido estar en disposición de servir al pueblo. En este sentido, la mediación entre el gobierno y los presos de conciencia y sus familiares, que piden su libertad, también forma parte de nuestra misión, que es continuar la misión reconciliadora de Jesús ", dijo el arzobispo ese mismo año.
La mejora de las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano durante los últimos tiempos pone de manifiesto el comportamiento camaleónico de la Iglesia católica, que ha servido a la institución para adaptarse y sobrevivir en un entorno tan cambiante y espinoso como es el de la isla caribeña de las últimas seis décadas.
Las iglesias evangélicas (protestantes, las llaman en Cuba), que tienen una presencia destacada en la isla, mantienen otro tipo de relación con el gobierno y han ocupado, por tanto, espacios diferentes a los de la Iglesia Católica. Esto, en cualquier caso, lo veremos en la siguiente entrega de este reportaje.
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