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Una reflexión sobre la fe, la identidad y la falta de oportunidades
(EFE).- Llegó a ser una de las cinco finalistas al Óscar a la mejor película internacional este año, pero la arrolladora "Parásitos" y la presencia de Almodóvar la dejaron en segundo plano. Después, la covid-19 obligó a aplazar su estreno, pero ahora por fin llega a los cines la polaca "Corpus Christi".
Dirigida por Jan Komasa, la película plantea una reflexión sobre la fe, la identidad y la falta de oportunidades a través de un chico con pasado violento que escapa del reformatorio y se hace pasar por sacerdote, cambiando inesperadamente la vida de los habitantes del pequeño pueblo en el que se camufla.
"El simple hecho de llevar una sotana lo convierte en otra persona, lo que muestra el absurdo y las paradojas de nuestra sociedad, tratamos las etiquetas con una seriedad que opaca la verdadera naturaleza humana", dice Komasa en una entrevista con Efe.
Tras dirigir una película bélica con un gran presupuesto como fue "Varsovia 1944" (1944), Komasa buscaba "una historia pequeña" con la que poder arriesgar más y fue así como llegó a sus manos el guion de Mateusz Pacewicz, basado en hechos reales.
"Lo que me atrajo es que era una historia de personajes y el juego que planteaba sobre la identidad. Mi padre es actor, mis hermanos también, venir de esa comunidad te enseña que en la vida nada es demasiado serio, puedes jugar con los roles sociales, todos lo hacemos a diario, aunque los actores lo hagan de forma profesional".
La historia de Daniel (Bartosz Bielenia), insiste, demuestra cómo algo inesperado puede destrozar todos nuestros planes y hacer aflorar la vulnerabilidad humana. "Es absurdo hacer planes, las etiquetas, nuestras estructuras sociales, con un simple engaño puedes cambiar el devenir de la historia, incluso sin un gran esfuerzo", subraya.
Buena parte de la eficacia de esta historia de violencia y redención recae en el convincente e impetuoso trabajo de su protagonista, Bartosz Bielenia, conocido en el mundo del teatro en Polonia pero que nunca había tenido un papel protagonista en cine.
"El mundo del cine es muy conservador, no suelen elegir a este tipo de actores", dice Komasa. Para conseguir financiación inicialmente contó con otro actor muy conocido en Polonia, Tomasz Zietek, que tiene un papel secundario en la película, pero con la idea de hacer un 'casting' una vez resuelto ese asunto.
"Bartok apareció con un aspecto muy diferente al que ves en la película, el pelo largo, muy delgado, con un jersey y su perro, parecía el típico hipster", recuerda.
Ni siquiera hizo bien la prueba. "Se puso a hablar de forma intelectual sobre la iglesia y la religión". Pero Komasa vio algo en él y logró convencer a los productores para arriesgarse. El resultado no pudo ser más satisfactorio, señala.
En Polonia la película se estrenó el año pasado y sedujo a 1,6 millones de espectadores, a los que se sumaron 300.000 más tras la nominación al Óscar. Acababan de estrenar en Francia y llevaban 60.000 espectadores cuando llegó la covid-19 y el cierre de salas.
Poco a poco la película ha ido retomando su distribución internacional aunque en algunos países irá directamente a plataformas, como en Estados Unidos, con muchos cines aún cerrados, donde la estrenará Criterion.
Se da la circunstancia de que Komasa rodó casi seguido otra película con el mismo guionista, "Hater", que ya se ha estrenado en Netflix. "La estrenamos en marzo en Polonia y seis días después cerraron las salas, iba muy bien, más de 200.000 espectadores en seis días, pero la covid mató la película".
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