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(Vatican News).- El capítulo 83 de la Compilatio Assisiensis cuenta que, dos años antes de su muerte, Francisco empezó a perder la vista. El insoportable dolor de sus ojos lo atormentaba, impidiéndole estar a la luz del sol durante el día, y a la luz del fuego por la noche. Encerrado en la pobreza de su celda de esteras en San Damián, vivía en la oscuridad, atormentado por ratas que no lo dejaban dormir, rezar ni comer.
Cuando Francisco, exhausto, pidió al Señor paciencia para soportar todo esto, recibió una respuesta invertida: ¿por qué miraba sus tribulaciones absolutizándolas, en lugar de considerarlas como lo que eran, una nada, en relación con la certeza de poseer ya el reino de Dios?
Por la mañana, Francisco decidió componer una nuova lauda del Signore, una alabanza, como acción de gracias "a propósito de sus criaturas": El Cántico del Hermano Sol. Dispuso, entonces, que el texto fuera aprendido por sus hermanos, siervos de Dios enviados al pueblo para conmover los corazones de los hombres y elevarlos a la alegría. También estableció el modo en que, bajo la dirección del hermano Pacífico, “rey de los versos”, el grupo de frailes saldría al mundo para predicar y alabar a Dios.
Uno de ellos daría un sermón, después del cual todos cantarían alabanzas juntos, como juglares de Dios. Y, como los juglares, recibirían una recompensa: el cambio de vida del oyente, que de ciego recuperaría la verdadera visión de la Creación. El juglar, en definitiva, actuaría e invitaría a una nueva visión del mundo.
Aunque refiriéndose a este episodio preciso, la imagen del “juglar de Dios” ha sido utilizada por los estudiosos como un icono, casi un sello, de la lógica revolucionaria de la propuesta franciscana. La investigación interdisciplinar ha demostrado ampliamente hasta qué punto la espiritualidad franciscana ha influido en el arte figurativo, la literatura, la predicación, la devoción y la dramaturgia, determinando una transformación "funcional" de las formas de representación que no puede ignorarse para comprender la cultura humanística y, con ella, la modernidad.
Erich Auerbach (1946) argumentó que el origen de este terremoto cultural fue la propia vida de Francisco. Su modo de presentarse en público "era altamente teatral" y "todo lo que hacía era una representación", ya que "transfundía su impulso interior en su conducta exterior", utilizando modos de expresión inmediatos, realistas, directamente accesibles a los sentidos y, en consecuencia, extraordinariamente eficaces y legibles para un público popular.
Ya en 1984, Federico Doglio señaló que el vínculo entre el franciscanismo y el teatro bajomedieval es tan estrecho que se da por descontado y, por esta razón, quizá no haya sido explorado adecuadamente por los estudios teatrales. Las biografías de los asidonenses están jalonadas de episodios casi escénicos o incluso lúdicos – como sostenía Huizinga (1949) – y de un "hacer" que puede asimilarse a una "disciplina performativa" capaz incluso de inaugurar un camino diferente para el actor (Attisani 2020).
"La investigación interdisciplinar ha demostrado ampliamente hasta qué punto la espiritualidad franciscana ha influido en el arte figurativo, la literatura, la predicación, la devoción y la dramaturgia, determinando una transformación "funcional" de las formas de representación que no puede ignorarse para comprender la cultura humanística y, con ella, la modernidad"
Francisco, sin embargo, no era un hombre "dramático" en sentido estricto. Era más bien un hombre "dramático". Agatha Sobczyk (2012) ha demostrado que, entre los siglos XII y XIII, el significado de ioculator Domini se vincula a menudo con el de “santa simplicidad”, refiriéndose a aquel que – teniendo un solo corazón, un solo rostro y un solo gesto – no construye una imagen aparente de sí mismo, sino que se presenta tal y como es. El "simple" (en hebreo tamîm) es el que no es "doble". En él no hay fingimiento: ser, parecer, pensar y hacer no están separados.
A través de la "santa sencillez", la imagen "sello" del Francisco ioculator Domini indica al que actúa, pero no finge. El que hace de la imitación de Cristo una práctica concreta, presente y corporalmente encarnada (el “hacer como”), no una simulación (el “hacer como si”). Francisco es un agonistes del drama de la vida, no un hypocrites.
El juglar es también el que simbólicamente camina al revés y, por tanto, propone una mirada al mundo al revés. La vida fraterna como sumisión mutua, la renuncia radical al poder y a la riqueza en todas sus formas, la posición de sumisión y pequeñez, la gratuidad del don, la desnudez como inanición y renuncia son todas "propuestas dadas vuelta" que invierten – o mantienen juntos – el dentro y el fuera, el ser y el parecer, la visión y la acción, la palabra y el gesto, lo alto y lo bajo, lo sublime y lo humilde (Maranesi 2019).
"Elige actuar en el mundo y enfrentarse al mundo, hablar al mundo haciéndose entender por el mundo y salir al mundo, dando vida, en muy poco tiempo, a una Orden de enormes dimensiones y gran importancia eclesial"
La mirada volcada de Francisco es la de un "loco de Dios" nuevo y diferente en comparación con los ejemplos orientales, porque no es un solitario que vive aislado, al margen de las reglas sociales que desafía. Es un novellus pazzus que no mira el mundo desde fuera, sino que elige estar in mundo. Elige actuar en el mundo y enfrentarse al mundo, hablar al mundo haciéndose entender por el mundo y salir al mundo, dando vida, en muy poco tiempo, a una Orden de enormes dimensiones y gran importancia eclesial (Gagliardi 2017).
El congreso pretende investigar cómo la lógica invertida de Francisco a partir de un ideal (la locura de la intuición) se encarnó en la historia (la realidad de la institución), por un lado en las formas "ordenadas" de organización política, civil, religiosa y económica, y por otro en las formas de representación material.
Para alcanzar este objetivo, el congreso reúne a estudiosos de diversas disciplinas a los que se pide que se interroguen sobre la dinámica del derrocamiento provocado por la cultura franciscana y sus resultados. Los contextos de trabajo son tres: en primer lugar, las innovaciones relativas a la concepción y gestión del espacio en la dimensión institucional; las estructuras de la vita regularis; el nexo riqueza-pobreza y sus consecuencias prácticas en la economía; las relaciones sociales en relación con la metamorfosis contemporánea de las instituciones políticas (comunas y monarquías); la eclesiología y la jerarquía de los ordines; las relaciones entre géneros.
En segundo lugar, la revolución de los dispositivos de representación y sus formas materiales entre 1200 y 1400. Nos interesa investigar la influencia del cambio franciscano en los cambios que se produjeron a finales de la Edad Media en los siguientes ámbitos: formas de palabra y discurso (poesía, oración, predicación); formas de visión (meditación, misticismo y arte figurativo); formas de representación ritual y dramática (formas litúrgicas, para-litúrgicas, devocionales).
Por último, el tercer contexto, la permanencia e importancia del dispositivo dramático- performativo en la época contemporánea. El objetivo es investigar el legado de la figura de Francesco en el teatro del siglo XX, y en particular la influencia de su habitus vivendi et agendi en el nacimiento y desarrollo de la pedagogía teatral; la disciplina artística como disciplina del cuerpo y del alma, la continuidad entre forma de arte y forma de vida; la importancia decisiva que palabras como "pobreza", simplicitas, "regla" han tenido desde los padres fundadores de la pedagogía teatral a principios del siglo XX; la idea de un teatro concebido y vivido fuera de la representación y más allá de toda autorreferencialidad estética, para reconducirlo al grado cero de la acción, practicable en su sentido individual y comunitario.
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