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El escritor advierte en Rímini que es incomprensible hasta para muchos católicos
El escritor español Javier Cercas, el prefecto del Dicasterio para la Comunicación, Paolo Ruffini, y el escritor estadounidense de origen irlandés Colum McCann, moderados por la periodista de la RAI Linda Stroppa, buscaron definir los límites de la comunicación que construye comunión en uno de los encuentros más intensos de los celebrados estos días en el Meeting de Rimini, que organiza Comunión y Liberación.
Uno de los momentos más vibrantes -tal y como lo detalla el portal Vatican News- tuvo lugar cuando Cercas invitó a la Iglesia a cambiar su lenguaje. "La Iglesia hoy debe cambiar su lenguaje porque tiene un problema lingüístico. El cristianismo es revolucionario porque ha cambiado la forma de estar en el mundo. La paradoja es que hoy la Iglesia es incapaz de comunicar la revolución social de Cristo. La Iglesia tiene un lenguaje antiguo. No es atractivo, no es vital", señaló el escrito nacido en Extremadura y afincado dede hace años en Cataluña.
Afirmación solemne, rotunda, tajante, con la que el prefecto no se mostró del todo en sintonía. "Hay un problema con el lenguaje, por supuesto -concedió-, pero el lenguaje viene después de la realidad. La Iglesia es comunión o no lo es. Y esta comunión, este cuerpo único, no se trata solo de la Iglesia. Se trata de creer que todos somos hijos e hijas de Dios. Si vivimos así, nuestras palabras tienen sentido. Pero si dos personas dicen que se aman y no lo hacen, pueden decir 'te amo' o 'te quiero' de cualquier manera, pero esas palabras no hablan. Este, en mi opinión, es el punto en el que la Iglesia debe redescubrir la belleza de la comunión".
El riesgo de ese lenguaje incomprensible, prosiguió por su parte el españoles es que "ni siquiera los católicos entiendan lo que significa la Iglesia". Y lo ilustró con un ejemplo Cercas. "Una de las palabras fundamentales del pontificado de Bergoglio ha permanecido malinterpretada: la sinodalidad. La Iglesia no ha sabido explicar qué es. Y, más aún, le falta algo muy importante, algo que deberíamos aprender del papa Francisco: el sentido del humor, la ironía".
En este punto, como relata Vatican News, Cercas recordó "la ternura que la Iglesia me mostró al pedirme que participara en el viaje del papa Francisco y que escribiera un libro sobre él, El loco de Dios en el fin del mundo, aunque no soy creyente. Francisco nos pidió a todos que nos arriesgáramos. Y para la Iglesia, esto era un riesgo, mientras que para mí fue un gran trabajo: tuve que deshacerme de mis prejuicios".
"Mucha gente, en todo el mundo, pero sobre todo en países tradicionalmente católicos como Italia, España o Irlanda, tiene enormes prejuicios hacia la Iglesia y el Vaticano. Escribir un libro como este me exigió un trabajo tremendo: ver, sin juicios automáticos, qué está pasando realmente, quiénes son estas personas, qué está haciendo la Iglesia hoy. Esto es lo que hacemos los escritores: desautomatizamos la realidad. Como si la viéramos por primera vez. Y, así, todo se vuelve sorprendente".
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