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"¡No quiero sufrir! (Sobre la eutanasia y otras cuestiones bioéticas del final de la vida"
En “El Pozo de Siquén” hay mucha sabiduría. Y esta siempre es limpia y fecunda. Reconfortante y dispuesta de por sí a saciar la sed de quienes tengan necesidad de asomarse desde el brocal, a sus aguas. El de Siquén es pozo artesano, y por eso intitula una de las colecciones bibliográficas de mayor relevancia hoy en el mundo editorial de España, que lleva el nombre de “SalTerrae”, adscrita a la ignaciana Compañía de Jesús.
Y precisamente en esta editorial, en colaboración y común-unión con el “Centro de Humanización de la Salud” (Religiosos Camilos)”, con el número 412, acaba de salir a la luz pública un nuevo libro con el título "¡No quiero sufrir! (Sobre la eutanasia y otras cuestiones bioéticas del final de la vida".
Como puede apreciarse, el tema es de radiante y sufriente actualidad. Lo es más en España en donde el tema y su posible y cercano ordenamiento legal comenzó a dar pasos decisivos en un plazo de tiempo no demasiadamente lejano. Cosas de la política, de la historia y también de la necesidad de respuestas que la sociedad, como sociedad, expresa y demanda, por arduo, arriesgado y cuestionado que pueda ser y estar su planteamiento…
Los autores del libro son José Carlos Bermejo, doctor en Teología Pastoral Sanitaria, máster en “Counselling”, en Duelo y en Bioética, director del Centro de Humanización y profesor universitario. En su planteamiento y redacción le acompaña Rosa María Belda, médico y máster en Bioética por la Universidad Pontificia de Comillas, autora de otros libros, como “Gestión con corazón” y “Cómo educar una sexualidad humanizada”. Tales referencias bio y bibliográficas dan a entender con seguridad que la seriedad científica, además de ético-moral, está más que suficientemente acreditada.
Del extracto del contenido del libro subrayo estos párrafos:
“Estas páginas quieren contribuir a la reflexión actual sobre la necesidad de humanizar el final de la vida promoviendo ese ideal común: no queremos sufrir lo evitable. No queremos que se falte al respeto a la dignidad intrínseca del ser humano. Seguramente no es bueno exaltar superficialmente el principio de autonomía y, en particular, reducirlo a la capacidad de elegir, sin discernimiento y deliberación, lo que la persona desea”.
“Es seguro que no solo se muere dignamente cuando se decide cuándo. La inmensa fragilidad experimentada al final de la vida pide respuestas humanas fundamentalmente por la vía del cuidado adecuada”.
Es posible que a algunos –muchos- lectores les hubieran satisfecho soluciones y orientaciones más concretas, teniendo presente además el anteproyecto de ley, que será discutido próximamente por los procedimientos y vías legales. De todas maneras, la lectura de estas reflexiones de tan doctas y experimentadas personas en estos menesteres, bio-ético morales les significará una ayuda de singular transcendencia.
¿Pero qué número de personas pide ya la eutanasia al final de la vida? ¿Se nos educó de verdad también para la muerte, o ni siquiera se pensó que habríamos de morir algún día? ¿Cuáles, cuántos y de qué color e intensidad religiosa, ético moral, familiar, social y legal, son los ecos que genera el título del libro “¡No quiero sufrir!”?
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