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El cine a través de los ojos de la Teología
Casi 40 años después de la última película decente de la serie “Alien”, he aquí que nos llegó lo que les presento hoy como la mejor película que se estrenó en España el pasado mes de agosto. El déjà vu nos acompaña, pero la percepción de aislamiento, paranoia, miedo e instinto de supervivencia integra ese sentimiento en un cuidadoso moldeamiento de los personajes y junto con un ritmo claustrofóbico, tenso y de sobresalto creciente. Sí: es una obra de terror en un entorno de ciencia ficción, pero tiene giros narrativos y matices estupendos de grandeza e inteligencia que hacen pensar.
Aunque, en este género, algunos de los personajes sólo aparecen para desaparecer, el elenco fue bien elegido, sobresaliendo Spaeny (sutil, delicada y práctica) y especialmente Jonsson (ambiguo, fascinante y con un rostro expresivo) en el papel de un complejo androide. El escenario (industrial, informáticamente primitivo, retrofuturístico, húmido, suado, etéreo y oscuro) y la música (salpicada de momentos de timbres sintético-electrónicos) acentúan el mencionado déjà vu. Por su parte, los cortes de la edición amplifican con precisión la aflicción.
"Teológicamente, lo que más me interpeló en 'Alien: Romulus' fue ver hasta dónde puede llegar la codicia de las megacorporaciones"
Teológicamente, siempre es fascinante reflexionar sobre lo que implicaría el descubrimiento de otros seres vivos inteligentes en el Universo, aunque tal encuentro, como vemos en esta película, pueda implicar la muerte de una de las especies (y yo apostaría por nuestra). Sin embargo, lo que más me interpeló en “Alien: Romulus” fue ver hasta dónde puede llegar la codicia de las megacorporaciones: desde jefes ejecutivos invisibles e indiferentes que en poco se diferencian de los psicópatas, pasando por la deshumanización de sus trabajadores, hasta la insensibilidad hacia los medios peligrosos utilizados para alcanzar sus objetivos.
A la vista de esto (que apunta a paralelismos muy cercanos a casi todos nosotros), creo que subrayará en nuestro núcleo la urgencia de una fraternidad vivida en una comunidad que surge de una Eucaristía que, a su vez, presupone dicha comunidad y permite al Señor llegar hasta nosotros en una apertura infinita que nos universaliza y, así, nos sitúa a la altura de Su corazón. Como en el caso de esta película, se nos acaba el tiempo para convertirnos en hostias en Cristo para los demás, de modo que no acabemos en prisiones distópicas de mecanismos y medios de desinformación, hasta el punto de tener de preguntar a los demás: «¿Estás ahí?». «¿Y yo?».
"Nos atenaza la asfixiante conciencia de que nos dirigimos por caminos que podrían llevarnos a no volver a ver el sol. No tanto la estrella, sino Jesús, Él mismo oculto por el relativismo, el laicismo y un nuevo y egoísta 'antropo'centrismo"
Los temas de la fuerza femenina y el choque entre la inteligencia humana y la artificial también regresan con esta película «intermedia» (la historia transcurre entre las dos primeras películas de la serie), y con ellos nos atenaza la asfixiante conciencia de que nos dirigimos por caminos que podrían llevarnos a no volver a ver el sol. No tanto la estrella, sino Jesús, Él mismo oculto por el relativismo, el laicismo y un nuevo y egoísta “antropo”centrismo (porque ya estamos intentando hacer nuevos seres humanos híbridos).
Así es como los más simples también se vuelven más fríos y calculadores, viendo en todos los demás posibles depredadores de los que tienen que defenderse. Tal vez los afectos, y especialmente el amor cristiano al que estamos llamados, complican la vida de quienes miran la realidad pragmáticamente. Pero es de este amor de lo que tenemos necesidad, porque su mayor poder es vivir incluso en la muerte. Más aún: y para que dejemos actuar a Dios y (como siempre) actuar desde lo más profundo de nosotros mismos, hasta el punto de que Lo adoramos cuando no Lo presentimos y Lo lloramos cuando Lo sentimos. Pero, ¿seremos alguna vez nosotros mismos viviendo en los demás?
(EEUU, Reino Unido, Hungría, Australia, Nueva Zelanda, Canadá; 2024; dirigido por Fede Alvarez; con Cailee Spaeny, David Jonsson, Archie Renaux y Isabela Merced).
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