Extraido de "Trama divina, hilvanes humanos" (Ed. PPC)
Hemos hecho lo que teniamos que hacer... dejar a Dios ser Dios.
Ora et labora, con Gaza y el dolor, con Leonardo.
Oración vespertina de un sacerdote enfermo...
La tarde está cayendo. En la vida monástica pronto la oración de completas y retirada a sus celdas, lugar de silencio, de encuentro en la fe con el misterio de la Trinidad que nos habita en lo más profundo del corazón, de nuestra identidad como hijos y hermanos formando en don y tarea la gran familia de Dios.
No se desentienden del mundo. Oran y llevan en sus vidas la pasión de Cristo en tantas personas inocentes, niños hambrientos en Gaza, en muchas partes de este mundo en el que tenenos como tarea hacerlo la ciudad de Dios en la tierra como diría San Agustín.
Soy devoto de Fray Maria Rafael, cartuja. He leído escritos suyos pero sobre todo tengo la imagen de su rostro, visitado por la soledad y dureza de su enfermedad ofrecida a Dios mientras sus hermanos andarían por la huerta u el claustro.
Cuánta soledad. Cuánto ruido, cuánto ego..Quédate con nosotros Señor, la tarde está cayendo. Que el descanso de la noche alivie el peso de nuestro ser criaturas, el peso de nuestra vulnerabilidad y el peso de nuestro pecado. Cristo se ha entregado por nosotros En esperanza estamos salvados.
Comencé el día haciéndome uno con la naturaleza, haciéndome familia. Termino al atardecer, la noche en plena naturaleza, con el susurro del agua que refresca los cuerpos cansados de la labor, también en domingo. Pronto vendrá la noche. Dios nunca duerme, vela nuestro sueño. La Virgen está cerca de los que sufren, al lado de los agonizantes.
Ora et labora. Acción y contemplación. Todo para mayor gloria de Dios, para más AMOR. Si no tengo amor nada soy. Vocación universal al amor, a sentirnos queridos por Dios Padre y Madre y para hacernos prójimos del que nos necesite. Necesitamos a nuestros herman@s contemplativos. Ellos son noticia alegre y esperanzadora de un futuro preñado de dolores de parto, gimiendo con toda la creación hasta que nos alcance la resurrección gloriosa de nuestro Señor Jesucristo.
No estamos solos. El Espíritu de Cristo resucitado nos llevará a la verdad plena. El tiempo de Dios no es nuestro crono aunque lo necesitemos para vivirlo en intensidad. Danos un corazón pobre, contemplativo, compasivo y misericordioso. Amén.
Leonardo Terraza Roncal. Párroco de los Santos de Maimona.
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