Extraido de "Trama divina, hilvanes humanos" (Ed. PPC)
Hemos hecho lo que teniamos que hacer... dejar a Dios ser Dios.
La comunidad, el pastor y la salud
La virgen de la Estrella y el párroco de los Santos
La oración de un pueblo creyente
“Toda persona tiene derecho a la sanidad”: La salud
Un año más, día a día, estamos viviendo con sencillez y gozo este novenario de fe y sentir cristiano de nuestro pueblo, los Santos de Maimona. Nos vivifica y sana, nos llena de esperanza pasar por el arco de este paseo e ir caminando hasta tu ermita para encontrarnos con tu amor y tu alegría, al presentarnos la luz y la guía de esa estrella que eres siempre, indicando a tu hijo Jesucristo y a su evangelio.
No hace mucho tiempo, nos dolía una acción sobre tu imagen, al ver cómo por acción violenta –como todas las violencias, sin sentido- encontrábamos tu rostro deshecho y destrozado. Rápidamente el pueblo, la comunidad, a una se ponían en acción para reparar tu imagen y restaurarla con belleza y ternura popular, para rescatar tu belleza y tu dulzura, que consuela y anima simbólicamente a todos los creyentes.
Nos vale este hecho destructivo sobre tu imagen, como símbolo para este derecho de la salud, del cuidado de todas las criaturas, para que tengan vida y la tengan en abundancia. Tu imagen venerada se nos hace signo sacramental de todos los rostros dolientes y vulnerables de la historia que cada día se encuentra de un modo, evitable o inevitable en la vulnerabilidad, con la debilidad dolorosa, con la incertidumbre, el miedo, a la vez que con la confianza y la esperanza de recobrar el rostro de la salud y la salvación en todos los aspectos.
Hoy también oramos, como pueblo y como comunidad cristiana, teniendo presente a uno de los nuestros, Leonardo, que vive entre nosotros enviado por Dios, en Cristo, enamorado de su evangelio. Con nosotros cristiano y hermano, para nosotros sacerdote ungido por ti para animarnos en la palabra y en los sacramentos, para trabajar por la comunidad y la unión de todos. Su propio rostro, tocado por la enfermedad, se convierte en sacramento de todas las debilidades y enfermedades. Él lo sabe y lo cree, vive su enfermedad sanamente, luchando, para seguir unido a todos y permanecer fiel en el peregrinar con la comunidad. Con dolor, pero con esperanza y confianza, desde su ministerio vivo y profundizado ahora con este proceso.
Desde su vida queremos darte gracias Señor, por la Iglesia que sabe que su vocación es la de llevar vida a todos, especialmente a los que más sufren y débiles. Como Jesús, la comunidad cristiana, ha de estar cerca de todos los enfermos y consolar, aliviar, sanar, acompañar, proteger. Sentimos tu llamada, junto a Cristo, para estar próximos a todos los enfermos:
Nuestro cura nos muestra en sus coloquios fraternos y creyentes cómo está siendo atendido, además de por la familia, los compañeros, los amigos y la comunidad parroquial, por los técnicos y profesionales del sistema sanitario que gozamos en nuestro país y en nuestra región extremeña. Todos están siendo colaboradores en su caminar y en la vivencia de su enfermedad con el deseo y el compromiso de buscar salud, bienestar y recuperación de su salud y su ánimo. Sufren y gozan con él y ponen a su servicio su saber y los medios técnicos que se tienen. Desde él nos sentimos llamados a:
Nuestro párroco muestra su satisfacción profunda por el acompañamiento, cariño y cercanía de una muchedumbre de personas: desde los más sencillos y anónimos del pueblo, a los más cercanos y participativos de la parroquia. Qué alegría saber que forma parte de una comunidad de vida cristiana que es familia, y que cuando uno de sus miembros, en este caso el pastor, se pone enfermo, todos a una dan la vida para que todo siga y funcione como a ese miembro le gusta hacer. Qué importante Señor, que ningún enfermo se encuentre solo, sin referencias, sin presencia en la comunidad. Permanecer religados y comunicados.
Algo que nos está iluminando y animando a todos los que estamos cercanos a nuestro sacerdote es su mirada creyente y orante de la vida, de las personas, del dolor y de la esperanza nunca agotada. Te bendecimos Virgen de la Estrella por este sacerdote de Jesucristo, que sabe entrar en el dolor y los límites con los mismos sentimientos que Cristo Jesús, completando así sus padecimientos por nuestra redención. Ayúdanos y enséñanos a saber vivir la enfermedad sanamente, con el espíritu del amor y del evangelio entregado, gracias por el testimonio de este hermano tan sencillo y fiel en su debilidad no escondida.
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