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El país sudamericano vive nuevo drama por muertes y daños en incendios que tienen rasgos de intencionales
Los incendios forestales en Chile en solo dos días (3 y 4 de febrero) han marcado uno de los episodios más desoladores en la historia reciente del país sudamericano y son los mega incendios al menos de la última década.
Estos siniestros, que han arrasado hasta el cierre de esta nota con más de 17 mil hectáreas de bosque, en Viña del Mar con 5 mil viviendas y han cobraron 51 vidas humanas.
La situación de emergencia en Chile es tan fuerte, que el Presidente Boric expresó su precaución ante la cifra de fallecidos que había señalado en 46, anticipando que podría aumentar en las siguientes horas. Así ocurrió y anoche ya eran 51 la cifra oficial de muertos.
La alcaldesa de Viña del Mar, Macarena Ripamonti, detalló que otras 249 personas están desaparecidas, elevando la magnitud de la emergencia.
El Gobierno decretó "el estado de excepción por catástrofe", permitiendo el despliegue de todos los recursos públicos necesarios para combatir los incendios, incluyendo la movilización de las Fuerzas Armadas". Viña y otras comunas tiene toque de queda en parte del día para facilitar los flujos de los vehículos de emrgencias.
Los incendios no solo han dejado a su paso un rastro de destrucción, sino que también encendieron un debate sobre su probable intencionalidad y el papel de diversos sectores de la sociedad, incluyendo a la iglesia, en medio de la catástrofe.
La magnitud de los incendios fue tal, que rápidamente se extendieron por varias comunas de la región de Valparaíso, afectando principalmente a zonas con comunidades vulnerables.
La rapidez con la que se propagaron las llamas sugirió desde un inicio por parte de expertos en desastres, la posibilidad de que muchos de estos incendios no fueran producto de la casualidad o por factores naturales, sino que habrían sido provocados por humanos.
La hipótesis de la intencionalidad detrás de algunos de los focos de fuego se vio respaldada por declaraciones de autoridades gubernamentales y reportes de prensa que indicaron la detención de individuos presuntamente vinculados con la iniciación de incendios.
Esta situación generó una ola de indignación y preocupación entre la población, llevando a cuestionamientos sobre las motivaciones detrás de estos actos y su posible relación con conflictos territoriales, reivindicaciones indígenas, intereses económicos oscuros y un afán por hacer ingobernable el país al Presidente Boric.
La situación también propició una reflexión más profunda sobre el impacto del cambio climático y la gestión de riesgos de desastres en Chile. Aunque la posibilidad de que los incendios fueran provocados intencionalmente acaparó titulares, no se puede ignorar el contexto de temperaturas extremas y sequías prolongadas que han hecho del país un escenario propenso a este tipo de catástrofes naturales.
En medio de esta tragedia, las iglesias han asumido un rol activo, no solo brindando asistencia espiritual a las víctimas, sino también participando en la movilización de recursos y ayuda humanitaria.
En particular, la presencia de la Iglesia católica en las zonas afectadas se convirtió en un faro de esperanza para muchas personas que lo perdieron todo.
El obispo de Valparaíso, Jorge Patricio Vega, hizo un llamado a realizar una cadena de oración ayer sábado y pidió a la comunidad ser solidaria en estos momentos.
Informó que en Viña del Mar la parroquia San José de Villa Dulce tuvo pérdida total y una capilla subrió las mismas consecuencias. En Quilpué otra capilla fue completamente consumida por el fuego generando pérdida total, lo mismo ocurrió en Villa Alemana, detalló el obispo.
Para este efecto, el Obispado de Valparaíso inició una activa campaña de ayuda a través de Cáritas Chile destinada a recolectar de dinero para apoyar a las víctimas de los incendios forestales que afectan a diversos puntos de la región, principalmente a Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana.
"Los fondos serán gestionados por Caritas Chile para contribuir en los procesos de respuesta humanitaria, recuperación y reconstrucción, más allá de la necesaria ayuda inmediata. Además, habilitaron tres centros de acopio en Viña del Mar, Quilpué y Valparaíso, en los que reciben alimentos no perecibles y artículos de higiene.
"Se trata de acompañar, en un proceso, la recuperación de estas familias, sus bienes y medios de vida", se indicó en el Obispado.
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