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Mons. Carlos Godoy puso el tono sinodal y del papa Francisco al asumir en su nueva diócesis
Luego de cinco años transcurridos desde la visita del papa Francisco a Chile y aún en medio de una iglesia herida por las divisiones que implicó el obispo de entonces, Juan Barros, encubridor de Fernando Karadima, asumió la diócesis de Osorno Carlos Godoy Labraña, sacerdote del clero de Santiago y que se desempeñaba como obispo auxiliar del cardenal Celestino Aós.
Reiterando parte de su mensaje inicial cuando fue nombrado en Osorno, en septiembre pasado, Mons. Godoy señaló a su pueblo que lo acompañó en la toma de posición que “comenzaré a ser obispo titular con ustedes. Me acompañarán en esta aventura de tratar de ser un pastor cercano y fiel a los propósitos del evangelio”.
Añadió que “necesito de sus oraciones y también de su cariño que, sin duda se expresará en el afecto, la corrección fraterna y la corresponsabilidad en la construcción de una Iglesia cada vez más unida y atenta a los signos de los tiempos”, dijo.
Y en un gesto apreciado por la iglesia local oró pidiendo a “mi predecesor el Siervo de Dios, monseñor Francisco Valdés Subercaseaux, (…) interceda por esta querida diócesis de Osorno, a la que ahora pertenezco, de manera de que siga manteniendo viva la llama de la fe, con los ojos fijos en Jesús”.
En esa línea, dijo en su homilía: “necesitamos con urgencia volver a Él, centrar nuestra mirada en sus opciones y hacerlas nuestras, cuidar todo lo necesario que ‘nos ayude a centrar nuestra vida en su persona’. Una Iglesia que no fija sus ojos en Jesús, es una Iglesia que va destinada al fracaso”.
Y como dejando entrever sus aprendizajes en el Sínodo del mes pasado en Roma, monseñor Carlos Godoy explicó que la Iglesia “en un principio podrá confiarse más en su prestigio, en su poder e influencia. Pero tarde o temprano quedará reducida a una institución apagada, desabrida, sin color y entusiasmo”.
Sostuvo con firmeza que “lo bello de todo esto, es que Dios no se cansa de dar nuevas oportunidades. Nosotros nos cansamos, nosotros somos los que aflojamos en el camino de la reconciliación y el perdón, nosotros renunciamos muy a menudo a confiar, a colocar más nuestra esperanza en el poder de Dios, que no defrauda. Nosotros nos cansamos de trabajar como siervos inútiles, sucumbiendo a la tentación de la autosuficiencia y de creer que nos salvamos solos”.
Concluyó pidiendo a su diócesis que “no nos cansemos de aprender de las experiencias vividas, aunque ellas nos hayan representado dolores, incomprensiones, rechazos o indiferencias. Cada situación, por más difícil que parezca, en la lupa de la fe, nos desafía a buscar y hallar la voluntad de Dios”, indicó.
En efecto. Osorno tuvo una experiencia traumática con la presencia del obispo Juan Barros cuyo encubrimiento de abusos de Fernando Karadima irradió a toda la Iglesia chilena e hizo fracasar la visita de Francisco a Chile en 2018.
Ese movimiento laical que se opuso con valentía a Barros y que a nivel nacional ayudó a desenmascarar la realidad eclesial de ese entonces, se fue desperfilado con el tiempo. Aún así, en la iglesia de Osorno siguen participando activamente laicos y laicas que fueron dañados por la jerarquía. Esto tampocos se vieron presentes en la ceremonia de asunción del nuevo obispo.
Si bien la liturgia de la Iglesia en estas ocasiones es rígida en sus normas, a veces se incluyen algunos gestos, oraciones y participantes que puden hablar simbólicamente. Sin embargo, esto no se observó en la misa de asunción de Godoy Labraña, dejando de manifiesto el desafiante futuro que el obispo tiene por delante.
La novedad vino desde la plaza de la ciudad, afuera de la catedral, donde se realizó un acto con la presencia de autoridades locales y representantes del pueblos huilliche que habita la zona (rama austral del pueblo mapuche). Aquí, la sociedad dio la bienvenida al nuevo obispo de Osorno a quien se le vio participando con atención y entusiasmo pese a los largo de las ceremonias indígeneas.
Recién nombrado en Osorno y con motivo de la conmemoración de los 50 años del Golpe Cívico Militar en Chile, Godoy Labraña envió un mensaje a su iglesia local exhortando a que “debemos más que nunca proteger la democracia, el bien común, y sobre todo el diálogo con apertura y respeto alejándonos lo más posible de la lógica de la venganza y de la violencia".
También expresó esa vez su dolor por "la herida abierta que tenemos como país y que todavía existan familias que no han podido reencontrarse ni despedirse", añadiendo que "es responsabilidad de todos y todas el proteger y respetar la dignidad de la persona humana", recordando que el Papa Francisco ha expresado que todos somos merecedores del amor de Dios.
El obispo Godoy, tiene 54 años, y luego de sus estudios en colegios del populoso barrio Independencia de Santiago, ingresó en 1988 al Seminario Pontificio. Fue ordenado presbítero en 1996 y obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago en 2021. Fue colaborador de la Oficina de Denuncias del Arzobispado de Santiago de Chile, director espiritual del Seminario y Vicario para la Pastoral de la misma arquidiócesis. Este año 2023 fue elegido por sus hermanos en el episcopado para participar en el Sínodo de la Sinodalidad realizado en octubre pasado en Roma.
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