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El encuentro de Jesús y el Bautista quizás no fue tan idílico como en Jn 1, 30-31: “seguidle a él, que yo no soy Mesías” (Jn 1, 30-31). Tras el encarcelamiento del precursor, los suyos preguntarán: “¿Eres Tú, Maestro, el esperado?” ( Se solapa la narración con la tensión entre seguidores de Jesús y del grupo jordánico, tras el asesinato del líder por un Herodes “aficionado a la fruta”).
Encuentro de Jesús y Juan: más que bautizo, es confirmación de identidad y misión: - Tú eres mi hijo, dice Fuente de Vida, tu identidad es “soñar-me y ser-me”; tú no sucederás al reformador, el Espíritu te empuja al desierto y a Galilea (Lc 4, 1 y 14); tu identidad y misión es recrear un pueblo entero (Lc 3, 21), ser Aliento de Vida y Espíritu del Camino; para quienes caminan aunados/as hacia el Misterio de la Vida: un pueblo plural (ni dictatorialmente monopolizador, ni binariamente discriminador, ni anárquicamente revolucionario, sino plural y variopinto, pero unido y capacitado para la confrontación fraterna (san Pablo) y el abrazo de luchadores frente a los “hunos” y los otros (Unamuno).
Domingo epifánico (12-II-25): encuentro de Juan, el que renuncia a presidir, con Jesús, el que no aspira a gobernar (Jn 3, 22-30). Jesús no necesita bautismo. Ya lo consagró la Obra del Espíritu al penetrar con Fuerza de Vida eterna en el embrión concebido por sus progenitores, ya implantado en el seno de María.(Lc 1, 35; Mt 1, 20)
El diálogo entre Juan y Jesús invita a “realizar plenamente lo justo”: “Déjame ya, que así es como nos toca a nosotros cumplir todo lo que Dios quiera” (Mt 3, 15). Lo ocurrido junto al Jordán tiene más de Confirmación que de Bautismo. Cielo abierto, desciende Espíritu; la voz sin voz proclama: “Hijo mío eres tú, yo hoy te he engendrado, me gusta que seas como eres, como yo te quiero” (Lc 3, 22). ç
Confirmación de la identidad creadora (asunción de lo humano) y vocación recreadora de Jesús para liberar hacia el Misterio a un pueblo nuevo esperanzado; su identidad como la de Jesús es ser engendrado por el Misterio; y su misión, engendrar caminantes hacia la Vida.
Hoy interpela el Espíritu: Vuestra identidad es ser pueblo engendrado por Mí. Vuestra misión es co-crear conmigo un pueblo de engendradores de renaceres (Jn 3, 8).
Son términos bíblicos clave: “engendrar” (Lc 3, 22, Act 13,33, Salmo 2,7) y “nacer de nuevo, nacer de Dios” (Jn 3, 8; 1, 13), creatividad divina y co-creatividad humana.
Releo el poema de Unamuno (Cristo de Velázquez III, 24), sirva de entradilla y colofón:
Y engendraste al morir, Cristo, tu muerte
fue lo que te hizo padre de la vida...
¡Sin Tí, Jesús, nacemos solamente
para morir, contigo nos morimos
para nacer y así nos engendraste!
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