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Dejarse llevar por el Espíritu. Es la voz de Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, del Maestro Zen Dôgen y de Ignacio de Loyola. De Kyoto a Ávila, por Loyola y Jerusalén, peregrinaba el P. Kadowaki, contemplando, empatizando y discerniendo.
Acaba de publcarse, en la editorial San Pablo, la nueva edición de El Zen y la Biblia, revisada por el autor en los últimos años de su vida y editada ahora póstumamente por sus discípulos.
El jesuita Maestro Zen Juan Kakichi KADOWAKI (1926-2017), profesor de Antropología filosófica, director de Ejercicios espirituales estilo Zen y oyente entrañable de la Palabra con el cuerpo entero, vivió con vocación de puente entre diversos senderos ascético-místicos que desembocan en el mar del secreto de la vida.
Puente entre culturas, quiso que se criticasen mutuamente orientales y occidentales. Puente entre espiritualidades, quiso hermanar las místicas budista y cristiana como si fuesen siamesas unidas por un fondo común humano y espiritual, arraigado en el Aliento de Vida que revoloteó sobre las aguas en la Creación (Gen 1, 2).
La respiracón profunda y el “cuerpo-alma unimismados” por el soplo vivificador del Aliento de Vida son las tres claves de lectura para aprovechar el legado de la vida y obra de este jesuita japonés universal.
Merecen aplicarse al P. Kadowaki las palabras con las que él calificaba el estilo del Maestro Zen japonés Dôgen (1200-1253): “Es posible la articulación en lenguaje poético y sugerente de lo que parece indecible. Lo inefable es sugerible...” Por eso, él persistió hasta última hora corrigiendo la versión en español aumentada y madurada de su obra El Zen y la Biblia.
Kadowaki se reconoce discípulo del jesuita Pedro Arrupe y del maestro Zen Ômori Sôgen. Pedro Vidal -director de Ejercicios ignacianos del Zen laico-, se reconoce díscípulo del P.Kadowaki y del Maestro Koyama –promotor del Zen para el laicado en Japón-.
El Maestro Koyama dijo a Pedro Vidal: “¿Cómo viene usted a aprender Zen en Japón, teniendo en su país la mística de Santa Teresa y San Juan de la Cruz?
El P. Kadowaki dijo a Pedro Vidal: “Ël Zen de Dôgen me ayudó a redescubrir el tesoro de los Ejercicios ignacianos según el Espírítu ”.
El P. Adolfo Nicolás elogia la integración de fe y cultura en Kadowaki diciendo: “Ha captado los tres puntos de coincidencia entre mística cristiana y budista: la contemplación, la compasión y el discernimiento”.
Los títulos de las tres partes de este libro destacan la temática central, que va de la respiración a la contemplación mediante la “escucha corporal entrañable” de la Palabra en el “lugar del Espiritu”.
La primera parte invita a aprender del Zen: antropología de la iluminación desde la corporalidad y el silencio.
La segunda parte establece el puente entre la lectura bíblica “entrañable” y la asimilación del Kôan “con cuerpo y alma unimismados”.
La tercera parte sugiere la integración de los Ejercicios Espirituales ignacianos con la mística del Zen. Se dan la mano las raices universales del místico vasco y las del contemplativo del medievo oriental. Todo ello por obra y gracia del corazón y la pluma de un jesuita japonés, precisamente oriundo de las nieves norteñas de Hokkaido.
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