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UMAS los seguros (y más) de la Iglesia, en los Jueves de RD
Desde que se constituyera en 1981 por iniciativa de la Conferencia Episcopal Española para dar cobertura en materia de seguros al conjunto de la Iglesia española, UMAS se ha consolidado como la mutua aseguradora de referencia para entidades religiosas y de ámbito social en un camino de creciente confianza y acompañamiento personalizado, pero en que no han faltado situaciones de índole menos agradable, como por ejemplo la explosión, en 2021, en el edificio parroquial de la iglesia de la Virgen de la Paloma de Madrid, que segó la vida de cuatro personas y dejó a otras diez malheridas.
Fue un momento, sin embargo, en que la corrección en cuanto a la respuesta dada, en mitad de un contexto marcado por la pandemia y la borrasca Filomena, demostró con creces que “la infraestructura adoptada fue buena” desde el primer minuto, como recordaba este jueves Ramón Echagüe, director de Relaciones Internacionales, en una nueva sesión de los Jueves de Religión Digital, en el que no faltaron otros responsables de la compañía como Anastasio Gómez, consejero delegado; Eduardo Basagoiti, director general, y Silvana García, directora de Siniestros, todos ellos moderados por Jesús Bastante. Como siempre, patrocinados por Instituciones Religiosas del Banco Sabadell, con la colaboración técnica de Católicos en Red y el apoyo de la Agencia Flama.
Con sus cerca de cien trabajadores y agentes, y con vocación de servicio contrastada (aportando la posibilidad a sus clientes de convertirse, además, en propietarios de la marca), esta compañía celebrará su Asamblea general de Mutualistas en el Colegio Madres Concepcionistas de Madrid el próximo 25 de junio, y, con ello en el horizonte más próximo, los participantes en el debate repasaron sucintamente reflexiones que, por tópicas que parezcan, continúan teniendo una resonancia en el modo de proceder: “Hay decenas de compañías que van a querer proteger una catedral [por el caramelo en los labios que representa], pero no una ermita en mitad del campo, a la que nosotros sí queremos a nuestro lado”, comparaba Gómez la realidad que ofrece UMAS, hecha por y para la Iglesia, respecto al resto de mutuas con las que ha de competir en su mercado.
Otras aportaciones como la posibilidad de contar con un trato cercano y alejado de los calls centers (“es lo que más valoran, por ejemplo, monjas españolas”, reconocía García), o la apuesta clara por asegurar a sacerdotes, religiosos o consagrados mayores de una determinada edad han terminado por abrir las puertas a UMAS a una relación empastada con sus clientes y con futuro creciente en el seno de la Iglesia en España. Sin dejar a un lado su vínculo con los misioneros, a los que, por encontrarse en situaciones menos cómodas por vivir en entornos más hostiles, se les cierran más puertas: “Queremos a todos nuestros mutualistas”, se repitió varias veces en el debate.
La gestión meditada y profesional de los incidentes con los que ha lidiado UMAS durante todos estos años ha dado pie a situaciones de lo más dispares, desde la rotura de tuberías de agua a tener que tomar decisiones concretas por lo que respecta a peritar casullas o sagrarios, con mayor peso sentimental, litúrgico y económico. “Hay que actuar con la mente fría —explicaba, con 35 años de trabajo en esta organización empresarial a sus espaldas, Ramón Echagüe— y decidir qué es lo que más conviene hacer en cada momento por lo que respecta a preservar obras de arte que también pueden ser víctimas de siniestros”.
Todo ello forma parte de un “trabajo en cadena” que, como decía Basagoiti, se suma a una vocación y a un trabajo en equipo que tienen el fin de actuar con agilidad y acierto. Además, con una mentalidad de inversión económica dispuesta a ceñirse a los criterios de la Iglesia. Una acción que quiere continuar desarrollándose, cada vez, en más diócesis, así como en el mundo del tercer sector, como asumieron los representantes de UMAS, una compañía que ve llegar el medio siglo de su vida conociendo bien los perímetros del terreno de la evangelización.
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