Transfundir sangre no es lo mismo que comer sangre.
Es muy cierto que la Biblia prohíbe al pueblo Judío el consumo de sangre, consumo que hay que entenderlo desde el punto de vista religioso del pueblo Judío tal y como lo explica Levitico 17 del que copio el texto entero para evitar ciertas descontextualizaciones de las oraciones.
Dios da un motivo sobre lo que hacer con la sangre, su uso para la expiación de los pecados, dedicar la sangre a Dios. La Biblia confiere a la sangre un valor de vida que se dedica a Dios. La carne de los animales para el hombre, la sangre para Dios. Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Pero en todo momento se habla tanto de los sacrificios de los animales como del destino de estos para consumo, y Dios pide en ambos casos que se le dedique la sangre, lo más valioso de un ser vivo en el contexto de la religión hebrea y que no es necesario para el hombre.
Por otra parte, Jesucristo en la última cena hace un gesto sin precedentes, anuncia a los apóstoles que beban su sangre (del cáliz de vino) que será derramada por la salvación de todos nosotros. El hijo de Dios anuncia el consumo de su sangre, de su vida, y pide repetir y conmemorar el gesto en recuerdo suyo. Esto no significa que se pueda beber sangre humana, significa la transmisión de la vida de Cristo a nosotros, de su vida espiritual y por eso lo hace un católico y se prepara un católico para recibir a cristo en su cuerpo y sangre. El propio Cristo deja claro que da la vida y su sangre por nosotros.
Pero también está la cuestión de lo que luego dice Hechos de los Apóstoles 15: 1-25:
Estamos ante un texto que trata de corregir ciertas costumbres de la propia religión pagana. Se habla de evitar los sacrificios a los ídolos, de las uniones ilegales (sexo contrario a las leyes de judaísmo-cristianismo), de la costumbre de comer animales no desangrados o de beber la sangre, en este último caso también por costumbres paganas de guardar la sangre para mezclarla con vino y festejar a los dioses. Se trata de pedir a los conversos que se aparten de la antigua religión y las costumbres ligadas a esta. También hay que destacar que el cristianismo primitivo estaba muy ligado en un principio al propio judaísmo y a las leyes y prescripciones que este imponía, y había quienes en aquella Iglesia primitiva representaban el sector conservador (los fariseos conversos) y un sector aperturista (Pablo y Pedro). Esta lucha de aperturistas y conservadores, se repite sucesivamente en algunos de los concilios posteriores.
Ahora bien, recordemos que Jesucristo innegablemente da su vida por nosotros, que Jesucristo en la última cena ofrece su sangre por nosotros. ¿Qué impedimento se puede poner a la transfusión de sangre? Ciertamente, ninguno. En primer lugar una transfusión de sangre no mata al donante, ayuda a sobrevivir ante una desgracia o necesidad al receptor. Por ello, no se persigue causar un mal sino un bien tan incuestionable como es salvar la propia vida. El propio Jesucristo es el primero que se aparta de la ley cuando hay que salvar la vida de alguien o curar a alguien (Lucas 14: 1-6), la ley no puede jamás estar por encima de la caridad. El principal error de la ley de Moisés es anteponerse a la caridad, y no tiene sentido dejar morir o no curar a un enfermo pudiendo salvarlo o curarlo solo porque la ley diga que es “sábado”. No tiene sentido por tanto, dejar morir a una persona necesitada en ese momento de una transfusión de sangre porque se ha interpretado en una ley que no se puede hacer tal gesto. Aquel que derramó su sangre por nosotros no huyendo del calvario de la cruz difícilmente puede desautorizar a quien derrame su sangre para salvar la vida de una persona.
PD: Dedicado a los Testigos de Jehova.