"¡Bendice a los abuelos, y sus bellos sueños!"
Carta a Dios (sobre los abuelos)
“El espíritu es brisa, es vida… Estoy muy de acuerdo, aunque a veces yo quisiera que tan solo estuviera ahí, quieto… y es que es bien cierto que por la fuerza del Espíritu sentimos progresión, apertura, como si incesantemente estuviéramos proyectados a avanzar, y no resulta nada fácil seguir las manifestaciones de ese Espíritu en sus movimientos más inmediatos; le reconozco en la interioridad, en la libertad y sobre todo en la generosidad. Resulta una aventura que continúa desde la cuna hasta la muerte”…
Una aventura permanente, desde la cuna hasta la muerte. Yo creo que es así. También es verdad que lo más habitual es que “somos vividos por la vida”. Esto no debería ser así, pues corremos el peligro de la manipulación. Quien no es contemplativo tiene el peligro de manipular o de ser manipulado. Y en estos tiempos hay poca contemplación. Por ello domina con tanta fuerza la manipulación, a muchos niveles y en muchas situaciones. La persona, en virtud de su dimensión espiritual, debe llevar una iniciativa en la vida. En su vida. No debe ser manipulada. Debe “vivir la vida”. El poeta Rilke se pregunta por la vida en unos versos interesantes:
¿Quién la vive pues? ¿La vives tú, oh Dios, la vida?
La vida es vivida cuando sopla la fuerza del espíritu, que impulsa a abrir, a avanzar, progresar. Cuando sopla esa brisa del espíritu que envuelve las cosas, los vientos, las flores, las aves… Cuando la persona humana no huye de sí mismo sino que se sumerge en su espacio interior, y, desde aquí, se vierte en una actitud contemplativa en el mundo de las cosas; y con el ritmo de la creación y de la belleza se abre a la relación con el otro, entrando en un verdadero dinamismo de vida. Un dinamismo de amor, en definitiva.
Porque la vida auténtica es la vida movida, iluminada, impulsada por el amor. Es este dinamismo de amor que estamos llamados a contemplar en el Misterio de Dios, del cual la persona humana es una preciosa, pero pequeña, imagen. Pero la persona refleja esta imagen en su vida concreta de cada día cuando vive ese dinamismo de amor, en una relación cordial, abierta y receptiva a la originalidad del otro.
En la interioridad, en la libertad, en la generosidad, se reconoce la fuerza y autenticidad del espíritu. Pero todo está organizado, o se tiende a esta organización, para neutralizar la interioridad de la persona, que es la llave para encerrar nuestra libertad y cortar la generosidad. Los medios políticos, económicos sobre todo, sociales, parecen rivalizar en este sendero que dice “buscar lo mejor para el pueblo”.
Pero uno tiene la impresión que el pueblo son ellos; los otros, se reduce a una masa sumisa, callada, indigente… Incluso a la institución religiosa se le hace atractivo ese sendero. Pues de lo contrario, uno no se explica el fenómeno de que crece y se manifiesta cada día más el deseo de una mayor espiritualidad, a la vez que se rechaza toda institución religiosa.
No resulta nada fácil seguir la manifestación del espíritu. Necesitamos otro ritmo en nuestra vida, porque la melodía espiritual está presente en nuestro mundo. Necesitamos una mirada contemplativa, sobre nosotros y sobre la sociedad, y no huir de nosotros mismos, sino acoger con amor la vida. Con otra sabiduría.
(Federico Mayor)
Siempre fue y será una aventura apasionante dejarse llevar por el espíritu. Pero éste es un dinamismo vivo, fuerte. Su ritmo hace bien a la persona humana, la hace crecer en la conciencia de sí misma. Hoy son muchos los ritmos que se escuchan en nuestra sociedad. Pero no todos los ritmos son bailables. Aunque hay quien cree que sí, sobre todo cuando quiere imponer su melodía.
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