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A propósito de la lectio divina

Cartas y relatos: José Alegre
21 nov 2016 - 11:18

Querida Carmen:

Gracias por tu carta en torno a la lectio divina, donde me dices alguna cosa interesante que nos afecta a todos los que buscamos luz en la Palabra de Dios. Una luz para el camino de nuestra vida. Y quiero comentar alguno de tus pensamientos:

Estoy de acuerdo con tus palabras, pero yo tengo la duda de si “dejo esa pequeña grieta abierta”, que, por otro lado, me lo pide mi propia naturaleza, abierta a un horizonte más grande, mi propia vida, que es un camino abierto a una realización de mi persona. Donde hay verdadera vida, hay siempre una verdadera abertura a la aventura, a la novedad… Pero, dice la verdad: da miedo la oscuridad de la vida.

“Lo importante no es lo que buscamos, sino lo que descubrimos que suele ser nuevo para cada uno”… Es cierto. La vida la vamos haciendo, la vamos viviendo, es toda una aventura, apasionante aventura, cuando la vivimos conscientemente, y cuando la planteamos como un permanente descubrimiento. Si me planteo la vida solamente como un buscar, puedo perderme en mis elucubraciones personales abstractas, no realistas, que no será el caso, en cambio, si voy descubriendo en la realidad concreta de mi vida la novedad apasionante de la existencia.

Esto me trae a la memoria un texto precioso de san Agustín de su libro Las Confesiones donde nos refleja el descubrimiento apasionante de Dios, simultáneamente con el descubrimiento de sí mismo.

Carmen, tú hablas de descubrir, ir descubriéndose a sí mismo como un deseo vivo inagotable, no un buscar, incluso una búsqueda de Dios, pues me puedo detener, complacido, en lo obtenido en mi búsqueda. El deseo me lleva a revivir de modo permanente el afán de descubrir, e ir viviendo el descubrir de los indicios del mismo Dios, en mí mismo, y en el juego de la vida.

Y yo creo que aquí puede jugar un papel muy importante el servicio que nos puede hacer el ejercicio de la lectio divina, que nos invita a poner nuestra vida a la luz de la Palabra, de una Palabra que se nos ofrece como un camino de vida. De plenitud de vida. Aunque siempre dejemos una “pequeña grieta abierta”, lo cual sería normal cuando la vida se nos presenta como un misterio que desborda nuestro entendimiento, pero que quiere seducir nuestra voluntad para adentrarnos en él. En nuestro propio misterio.

La invitación que nos hace el cartujo Guido con su descripción de la lectio divina es muy atractiva:

Y todo esto poniendo en juego ese Misterio de la Palabra de Dios que no se nos impone sino que deja siempre una pequeña grieta abierta, ofreciéndose como invitación. Y, claro está, poniendo en juego nuestra vida, que la vivimos muy inconscientemente, o nos la viven, perdiéndonos así la belleza de contemplarla.

Carmen, ama a Dios, “agitador de todas tus vivencias y emociones”, para despertar la novedad de la vida en tu vida.

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