"¡Bendice a los abuelos, y sus bellos sueños!"
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No es habitual asomarse a los medios de comunicación y tener una experiencia gratificante leyendo la información. Estos días han venido noticias que dejan una profunda tristeza, e incluso angustia. La noticia de la persona de 75 años operada del corazón, a punto de ser desahuciada por ser avalista de un préstamo hipotecario a su hijo que no terminó de pagar.
La noticia de la persona de 53 años que se ahorcó en el patio de su casa. Una hora después del hallazgo del cadáver, los agentes que acudieron al lugar del suceso se encontraron con compañeros que iban a ejecutar una orden de desahucio de esa persona.
Y ¡cuántas historias tristes, angustiosas, podríamos encontrar detrás de las 350.000 ejecuciones de desahucio que se han producido en España desde el inicio de la crisis!
Tan grave que hasta los mismos jueces denuncian los abusos del sistema español de desahucios. Un sistema de cobros de créditos hipotecarios, creado en 1909, hace más de un siglo.
Digna de tener en cuenta esta sensibilidad de los jueces que además afirman: Entre nuestras funciones debe estar el proporcionar soluciones a los ciudadanos, Si no, sobramos.
Noticias dramáticas que desconciertan, angustian incluso a quienes las lee, al tener la impresión de que a la humanidad se le recorta su horizonte. Y el desconcierto crece cuando vivimos otras asombrosas y dolorosas experiencias, cuando por otra parte andamos a la greña entre que si España no nos quiere, o que Cataluña va a la suya; cuando lo que nos domina es el número de votos y conservar el sillón para asegurar un sueldo más que un servicio; cuando se recortan derechos tan fundamentales en educación o sanidad; cuando buscamos paraísos fiscales y provocamos subidas de impuestos a los más débiles. Y tantos otros puntos que afectan a la dignidad de toda persona humana…
Y uno recuerda una llamada de atención que nos hizo un Papa, hace ya 50 años:
Populorum Progressio. Una encíclica de Paulo VI, recogiendo con fuerza y fidelidad problemas sangrantes de la humanidad, que otros Papas subrayan también, antes y después de él. Estamos celebrando los 50 años de un Concilio renovador, un Año de la fe… Quizás necesitamos en nuestra vida “menos músicas celestiales” e invocar aquella autoridad con la que Paulo VI se presentó ante la Asamblea de la ONU: ser, como Iglesia, expertos en humanidad. Seamos consecuentes. Profundamente humanos.
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