"¡Bendice a los abuelos, y sus bellos sueños!"
Carta a Dios (sobre los abuelos)
"El silencio es la cuna de la palabra, el silencio es el horno ardiente de la palabra"
PREGON DE ADVIENTO
Cuando un silencio sereno lo envolvía todo,
y al mediar la noche su carrera
se abalanzó la Palabra … (Sab 18,14)
Cuando falta la serenidad
y todavía no hemos llegado a lo profundo de la noche:
Necesitamos escuchar un grito, un rumor, una palabra:
Silencio
Este es el pregón de Adviento:
Silencio
El silencio que permita escuchar la palabra
¡Hágase en mí…!
El silencio es la cuna de la palabra,
el silencio es el horno ardiente de la palabra
donde se va configurando la sabiduría y la fuerza de la palabra.
El silencio, permite escuchar la vibración de la vida.
El silencio es la llave para abrir las puertas al verdadero encuentro.
El silencio permite percibir el auténtico valor de la palabra.
El silencio es el verdadero artífice de una vida interior.
El silencio es el taller de la obra poética,
de la obra bella, la belleza nace del silencio.
El silencio es la ventana abierta a la trascendencia
Las palabras más bellas nacen del silencio
que hacen posible el fuego del verdadero encuentro humano,
que poco se atreven a encender, cuando en la humanidad…
¡Humanidad…!
estás fría, crispada, violenta…
revestida de angustia y desesperanza
¡Humanidad!
que desvaneces lo humano. Paradoja hiriente…
Necesitas escuchar una palabra: ¡Hágase en mí!
Necesitas decir una palabra: ¡Hágase en mí!
esta palabra que cambió el ritmo de la historia,
esta palabra que quiere cambiar el ritmo de tu vida
El rumbo y el ritmo, la vida…,
el hombre.
Urge escuchar la belleza que nace del silencio,
La melodía del silencio
Necesitas escuchar una palabra: ¡Hágase en mí!
Necesitas decir una palabra: ¡Hágase en mí!
Hágase, hagamos… NOSOTROS.
Entonces podrá proclamar el poeta su deseo, su esperanza:
Cuando sobre los cantos germina un nuevo encanto
Y otra vez se embellece la vista del paisaje
Y en los montes, por donde los árboles verdean,
Aparecen más claros los aires y las nubes.
¡Oh, qué alegría sienten los hombres! Solitarios,
Van junto a las riberas, y florecen en la calma,
El placer, la delicia de una nueva salud,
Y la risa amistosa tampoco está muy lejos
Cuando un silencio sereno lo envuelve todo,
puedes escuchar una palabra de vida,
que cambiará el ritmo de tu vida.
También te puede interesar
"¡Bendice a los abuelos, y sus bellos sueños!"
Carta a Dios (sobre los abuelos)
"La vida contemplativa, cerca de Dios y del dolor del mundo”
José Alegre, monje de Poblet: "El contemplativo es una persona que cuida el corazón"
" Hoy es urgente, como no lo ha sido nunca, poner en la pastoral el corazón"
José Alegre: "Nombramientos episcopales, ¿comunidad a edificar u oportunidad de 'subir peldaños' en el 'staff' de la empresa?"
"Penetrar en el misterio del hombre"
Una escuela de servicio divino (y II)
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma