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Este domingo, la Iglesia rinde cuentas de su actividad
Hoy celebramos la jornada de Germanor, también conocida como el Día de la Iglesia Diocesana en todas las diócesis españolas. Cada segundo domingo de noviembre nuestra archidiócesis se suma a esta jornada, en la que rendimos cuentas de nuestra actividad. En un ejercicio de transparencia, explicamos las cifras* que resumen un año de vida pastoral, litúrgica, cultural, educativa y de acción caritativa.
En el contexto de un mundo convulso, todos los miembros del Pueblo de Dios (ministros ordenados, consagrados y laicos) estamos llamados a anunciar la esperanza que nace del Evangelio. Es importante que tomemos conciencia de la misión que hemos recibido de Jesucristo y descubramos cómo llevarla a cabo en el momento presente de nuestra historia.
La misión propia de la Iglesia es anunciar a Jesucristo y hacer posible un mundo más fraterno y humano. Si bien la primera corresponde a todo el Pueblo de Dios, la segunda es la labor más propia y específica de los laicos.
El papa Francisco nos invita a prepararnos para participar activamente en el Jubileo Ordinario de 2025 que tendrá como lema: «Peregrinos de la Esperanza». El Papa desea despertar en nosotros el anhelo evangelizador y, además, quiere que lo hagamos con alegría. Una alegría que nace de albergar el amor de Dios. Una alegría que se hace más intensa con la experiencia de anunciar y compartir el Evangelio.
Cuando participamos juntos en la misión unidos a Cristo obtenemos fruto abundante. Así lo propuso Jesús, que envió a sus discípulos de dos en dos a evangelizar, a mostrar al mundo la ternura de Dios. La Iglesia, siguiendo el testimonio de Jesús, a través de personas con nombres y apellidos, se hace cercana a los más necesitados y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes y no creyentes, que necesitan sentirse escuchados, abrazados, queridos, personas que necesitan una propuesta de esperanza para sus vidas.
Queridos hermanos y hermanas, aprovecho este escrito para agradecer profundamente a los corazones generosos su tiempo, su oración y su apoyo económico. Su generosidad ayuda a hacer posible la misión de la Iglesia. Todos nosotros formamos el Pueblo de Dios, un pueblo unido por la fe en Jesucristo, que vive humanizando su entorno, transformando a las personas y construyendo una sociedad más humana y esperanzada.
Que Dios os bendiga, os guarde y os llene de su paz.
† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona
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