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"Vivir la Navidad con esperanza"
El tiempo de Adviento tiene un tono claramente mariano. Ciertamente, la Virgen María nos enseña a esperar a Cristo con alegría y a vivir la Navidad con esperanza. Ella sintió y vivió como nadie la venida al mundo de Jesucristo.
Durante esta segunda semana de Adviento, nuestra madre Iglesia nos invita a celebrar gozosamente la solemnidad de la Inmaculada Concepción. La gran familia de la Iglesia cree con fe que María, ya desde el momento de su concepción, fue preservada de toda mancha del pecado original. Ella es la «llena de gracia» (Lc 1,28), la bendecida en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales (cf. Ef 1,3). También nosotros hemos sido llamados por Dios para llevar una vida santa, auténtica, libre de pecado
A propósito de esta hermosa fiesta, quisiera proponeros que dedicáramos algún momento de la semana a contemplar una imagen de María Inmaculada. Si la miramos con atención nos evoca un pasaje del libro del Apocalipsis que representa a una mujer vestida de sol, que tiene la luna bajo sus pies y una corona de estrellas sobre su cabeza (cf. Ap 12,1). La comunidad cristiana desde sus inicios ha relacionado esta imagen del libro del Apocalipsis con la persona de la Virgen María.
María aparece «vestida de sol». Ella refleja de manera singular la luz de Cristo. Él vino a nuestro mundo para iluminar a toda la humanidad. El que sigue sus huellas no camina jamás en tinieblas, sino que tiene la luz de la vida (cf. Jn 8,12). Pidamos a María que nos enseñe a ser buenos testimonios de Jesús, luz del mundo.
La Virgen tiene una luna bajo sus pies, símbolo de la muerte. Y es que María ha vencido a la muerte, ya participa de la resurrección de Cristo. Toda la existencia de María es un canto a la vida. María nos enseña con su testimonio que solo encontramos la felicidad cuando nos ponemos al servicio de los demás con alegría y creatividad.
Si nos fijamos en la cabeza de la Virgen, veremos que está coronada por doce estrellas. Estas estrellas simbolizan a las doce tribus de Israel y también a la Iglesia y a sus doce apóstoles. De hecho, en la bandera europea son las doce estrellas que aparecen de modo circular (corona) ocupando el centro de una tela azul (cielo). María, desde los inicios, se encuentra en el centro de la primera comunidad cristiana. Ella es la madre de la Iglesia. El autor del libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra a María compartiendo su vida con la Iglesia, orando intensamente con ella (cf. Hch 1,14). Pero, además, María esta presente de una forma humilde e invisible en la vida de los europeos. Oremos para que María siga acompañando a nuestra Iglesia, a nuestra querida Europa y a todo el mundo en medio de todas las adversidades.
Queridos hermanos y hermanas, Cristo ha querido compartir a su madre con nosotros. Que María nos enseñe el camino del amor y del servicio incansable, para que nuestra vida dé también fruto abundante. Os animo a que, acompañados de la Virgen María sigamos preparando nuestros corazones para vivir gozosamente la esperanza que nos regala el misterio de la Navidad.
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