"Su ejemplo nos recuerda que todos, por el bautismo estamos llamados a evangelizar"
"El primer mártir filipino"
"Sepamos navegar juntos hacia un mundo más humano y más fraterno"
Desde los inicios del cristianismo, el mar ha sido un eficaz medio para la evangelización. Recordemos, por ejemplo, los viajes de san Pablo a Asia Menor, Grecia y finalmente a Roma. El apóstol Pablo se embarcó y cruzó el mar Mediterráneo para difundir el mensaje de Cristo «hasta el confín de la tierra» (Hch 1,8).
Hoy, festividad de la Virgen del Carmen, recordamos la labor evangelizadora que la Iglesia realiza entre las gentes del mar. Nuestras comunidades quieren mostrar su apoyo especialmente a aquellas personas que afrontan situaciones de pobreza o injusticia o se sienten solos porque están lejos de su hogar.
La Iglesia se solidariza con todos aquellos marineros que son abandonados en el puerto cuando terminan su contrato, que trabajan con escasas medidas de seguridad, o tienen que estar mucho tiempo embarcados, lejos de sus familias. La Iglesia, como la Virgen del Carmen, también está al lado de los pescadores, los cuales viven su futuro con incertidumbre porque su trabajo se encuentra cada vez más afectado por el progresivo deterioro del medio ambiente.
A todos ellos, la Iglesia quiere decirles que Dios es su compañero de travesía, que la Virgen les protege y que están llamados a ser discípulos misioneros, parte activa en nuestras comunidades. Hoy en día, Jesús sigue acercándose a todas las gentes del mar como lo hizo con aquellos pescadores de Galilea que estaban echando las redes en el lago de Tiberíades. Leemos en el Evangelio que Jesús se acercó a ellos durante la dura jornada de trabajo, mientras echaban las redes en el mar, y les dijo: «Seguidme y os haré pescadores de hombres» (Mc 1,17).
En el ámbito del mar, la Iglesia cuenta, desde hace más de un siglo, con voluntariado muy activo y especializado. Son los sacerdotes, religiosos y laicos que trabajan en los centros de Stella Maris. Desde estos centros se brinda a los marineros ayuda espiritual y material. Cada año atienden a muchas tripulaciones, les ayudan a ponerse en contacto con sus familias, les proporcionan alojamiento y comida y les ofrecen el calor de la comunidad y la esperanza de la fe. Stella Maris es, como dice su lema, «un hogar lejos del hogar».
Queridos hermanos y hermanas, pidamos a Cristo que guíe a las gentes del mar. Él es la brújula que nos orienta y nos lleva a buen puerto en medio de las tempestades. Que María, estrella de los mares, guíe nuestro trabajo para que podamos servir con alegría a todos aquellos que se sienten abandonados y desorientados. Sepamos navegar juntos hacia un mundo más humano y más fraterno.
† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona
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