"El Evangelio NO se puede entender leyendo la LITERALIDAD, sino buscando el MENSAJE coherente del conjunto"
"Los demonios también creen y tiemblan" (St 2,19) ¡NO basta creer!
¡No tentarás al Señor, tu Dios!
Me fui al Gemelli después de meditar que nuestra "parte instintiva" (hambre), aún siendo buena, está muy por debajo de nuestra "parte espiritual".
Que "la dominación y el poder" para someter a otros o acumular riquezas es la gran insensatez del materialismo humano.
Que pretender "manipular a Dios", aún usando la biblia y la tradición, es un "pecado de rueda de molino".
Pero me acerqué al Gemelli, empujado por el espectáculo del Vaticano. Imaginé que Jesús en persona, disfrazado de médico, cuidaba del Papa Francisco. No podía ser de otra forma con tanta gente rezando en la calle y Cardenales enseñando al Pueblo a insistir en la "sanación de enfermo tan ilustre".
Me colé, vestido de enfermero y, tras algunas peripecias, visualicé la habitación del Papa de la que salía el Dr. Jesús.
Cuando llegó a la esquina en que me ocultaba, le abordé sin más y le expuse lo que estaba ocurriendo fuera, que se trataba de un Papa muy querido y que todos queríamos que lo curara.
Me respondió que lo haría pronto, dada la presión de tanta gente importante y el deseo de las masas. Me envalentoné y seguí: "Dado tu poder, podrías curar también a todos los enfermos del Hospital, incluso a todos los enfermos del mundo".
Me respondió raudo: ¡Es que no he recibido oraciones por tanta gente! Las peticiones de los Cardenales son claras, quieren que cure a su Jefe, ése es el importante…
Aquella respuesta me dejó desconcertado. No era coherente con el Jesús que yo trato. Mientras intentaba salir de mi aturdimiento, me llegó un tenue olor a azufre, que se intensificó mientras el Doctor se alejaba por el pasillo dejando asomar bajo la bata blanca un enorme rabo.
Caí rápidamente en la cuenta de que el impostor era un "médico canalla y diabólico" que solo actuaba buscando el honor y la fama, no la curación de los enfermos.
¡Qué torpeza la mía! ¡Cómo he querido manipular a Dios pidiendo privilegios y favores! Si estoy convencido de que el Abba de Jesús está derramado TODO en TODOS, cómo he sido tan incoherente y necio…
Lo que el Papa y el resto de enfermos necesitan no son oraciones sino las manos humanas de buenos especialistas. El "poder de la oración no existe", es la gran mentira de la Seudoreligión y su imbécil pretensión de manipular al Creador, de empujarle a actuar, aún amparados en palabras, llamadas divinas.
La respuesta de Jesús ante esa tentación es tajante, aunque la olviden los insensatos "gurús mitrados": ¡No tentarás al Señor, tu Dios!
La "confianza en Dios" no consiste en tirarse desde la cúspide de ningún templo, sino en estar convencidos de que "Todo lo hizo bien", nada falta por hacer, salvo mirarme a las manos y aportar mi parte, porque en ellas el Creador ha puesto todo lo creado para que lo gobernemos y hagamos crecer.
Lo demás viene del maligno… Es decir, de nuestra manipulada necedad humana, a la que engañan los tentadores de todos los tiempos, incluso con "erradas doctrinas religiosas".
Cuando me di cuenta de todo esto, me sentí humillado por haberme dejado empujar por la maligna Seudoreligión y la presión de las masas con sus "guías ciegos" al frente.
Y me eché a llorar por mí y por mi Pueblo…
¡Qué traición tan enorme a la Luz de Jesús!
Me es imposible dejar de llorar…
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