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¿Qué es la superficialidad? La superficialidad es la aproximación en el hacer y el ser y es un componente de la indolencia, el vicio capital que indica aversión al pensamiento complejo, con matices, profundo mezclada a veces con incapacidad para callar delante de un micrófono o con deseo de notoriedad hablando de lo humano y de lo divino a tiempo y a destiempo.
La superficialidad se produce cuando no se respeta la norma de precaución que invita, seguramente hasta exige tener una cautela positiva, como cerrar la boca cuando uno está tentado de hacer lecturas de intenciones de los políticos. Esa superficialidad es imprudente, temeraria. A veces es suficiente con mostrar humildemente que uno no es competente para análisis de intenciones en nuestros representantes políticos incluso aunque uno esté dotado de consagración bautismal y episcopal.
"Creo que era Oscar Wilde quien define la superficialidad como el peor vicio, un hábito nocivo que no sólo perjudica a la persona superficial sino también a quienes le rodean"
Por supuesto, quiero distinguir la simplicidad del simplismo. Ser sencillo significa actuar con sencillez y naturalidad. Sin embargo, ser simplista significa no profundizar. La actitud superficial surge del desconocimiento y del atrevimiento osado y temerario por quienes no respetan que son ignorantes para interpretar intencionalidades en nuestros representantes políticos. Y las lecturas entonces son, eso mismo, con clichés, estereotipos, frases hechas… todo demasiado descuidado y superficial.
Creo que era Oscar Wilde quien define la superficialidad como el peor vicio, un hábito nocivo que no sólo perjudica a la persona superficial sino también a quienes le rodean; aparentemente podría parecer que aporta beneficios, pero no es así: ser superficial en los análisis y opiniones puede aliviar el estrés y la fatiga pero no aporta inteligencia, mesura, ponderación. Es la superficialidad de quien llega a conclusiones obvias juzgando y criticando sin un análisis adecuado de la complejidad de los matices de toda la realidad y, por ende, también de la política.
Incluso con mitra, báculo o cruz pectoral uno puede guardar un respetuoso silencio en determinados temas y circunstancias. Y esa simplicidad simplista no es de recibo tampoco en un Obispo haciendo y emitiendo desde el púlpito mediático juicios de valor sobre la realidad política.
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