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"Dios ha entrado en el debate electoral en USA"
"Dios me protege", ha dicho Trump. Y otros han comentado a su manera que Dios ha salvado a este valiente adalid de los valores cristianos.
Al otro lado del cuadrilátero, Biden ha dicho, perentoriamente: "Sólo me retiraré si Dios me lo pide" (aunque parece que, según las últimas noticias, las convicciones del presidente estadounidense empiezan a tambalearse).
Dos consideraciones. Una, seguramente más obvia, que afecta a los candidatos, a los que hay que votar. La política a menudo pone a Dios en juego. Naturalmente, no para preguntar cómo el político puede servir a Dios, sino cómo Dios puede servir al político. Dios, para el político, se convierte en la garantía última. Y, por supuesto, como todos los políticos están convencidos de que son buenos políticos, todos están convencidos de que Dios no puede evitar sancionar su bondad.
La segunda consideración, seguramente menos obvia, pero quizás más importante y decisiva, se refiere a quienes están al otro lado del ring, los ciudadanos que tienen que votar, en este caso algunos ciudadanos que viven en Estados Unidos. En los últimos días ha habido noticias de que los evangélicos estadounidenses -que pertenecen a varios grupos de tradición protestante- han optado por apoyar a Trump. Pero no sólo lo apoyan: lo consideran su "enviado". La fuga, por los pelos, del atentado ha sido calificada de "milagro" y en Internet circulan montajes fotográficos con la figura de Jesús apoyando su mano derecha sobre el hombro del magnate: Jesús es el protector directo de Trump. “Es Dios quien impidió que sucediera lo impensable” se ha llegado a afirmar en algunos sitios web. Ahora que Trump ha sobrevivido al ataque la creencia de que Trump es el elegido se extenderá a círculos más amplios del mundo evangélico. Para ellos esa es la señal de que Dios protege a Trump.
"Todo esto parece cosa de otra época, de un mundo de verdades que ya están definitivamente obsoleto"
Ahora bien, este hecho hace pensar a los que estamos geográficamente tan distantes. La política se convierte en un capítulo de la teología. Dios hace política. Donde todos salen perdiendo. Dios convirtiéndose en el agente de un partido, y la política convirtiéndose en la ejecución de una orden de arriba. Tanto es así, que uno se ve tentado a preguntarse: si Dios votara el próximo 5 de noviembre, ¿votaría a Trump o a Biden?
La idea de una política que tiene dignidad propia -autonomía propia- y de una fe que inspira valores pero no dicta leyes y no se identifica con un partido: todo esto parece cosa de otra época, de un mundo de verdades que ya están definitivamente obsoletos.
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